viernes, 14 de octubre de 2011

¿Ser buenos o ser auténticos?

Los valores no son cosas. Los valores no son sino que valen. Se quiere significar con esto que no existen cosas valiosas en sí y por sí. Los valores no es algo puesto en el mundo y que se tiene que descubrir y usufructuar.
 La bondad o maldad de que habla la ética es siempre la bondad o maldad de una voluntad, de un querer algo alguien. Las cosas no son buenas o malas en sí, sino nuestro querer o no querer. Ese querer algo para, querer algo para otra cosa, a cual queremos a su vez para otra conforma la trama básica de nuestras apetencias. De esa cadena de voliciones en que un querer atiende a otro querer se compone el tejido de nuestra estimativa, nuestra escala de valores. Este querer ético, hace de las cosas fines, finalidades, conclusiones, últimos confines de la vida. Ahí es cuando entra en ejercicio lo más autentico de nuestra personalidad, y reuniendo todos nuestros poderes dispersos, haciéndonos, por caso raro, solidarios con nosotros mismos, siendo entonces y sólo entonces verdaderamente nosotros, nos vinculamos al objeto deseado sin reservas ni temores. De modo que no nos parecería soportable vivir en un mundo donde ese objeto querido no existiera; nos veríamos como reflejos fantasmales de nosotros mismos, como incoincidentes con nosotros mismos, inauténticos. Somos, al fin y al cabo, lo que deseamos.
 La mayor parte de nosotros no hacemos más que querer en el sentido crematístico de la palabra: resbalamos de un objeto a otro objeto, de acto en acto, sin tener el valor de exigir a ninguna cosa que se ofrezca como fin a nosotros. Existe una potencia, un talento del querer, como lo hay del pensar, y son muy pocos los capaces de descubrir por encima del utilitarismo social que comandan nuestros movimientos, que nos obligan a esta o aquella actitud, su querer personal y exclusivo. Solemos llamar vivir a sentirnos empujados por las cosas y los casos en lugar de conducirnos con nuestra propia voluntad.
Por esto vemos en la característica del acto moral en la plenitud con que es apetecido. Cuando nuestro ser integro quiere algo –sin reservas, sin temores, sin torvamientos, derechamente, integralmente- cumplimos con nuestro deber, porque es el mayor deber de la fidelidad con nosotros mismos. ¿Qué significa lo que acostumbramos llamar sin saber un hombre íntegro; acaso un hombre que es enteramente él mismo y no una urdimbre de compromisos dispersos, de caprichos sin sentido, de concesiones a los demás, a la tradición, al prejuicio? Por esto nosotros respetamos mas no al que quiere aparecer como “bueno” ante los demás sino al que lleva de su mano su  propia vida, se  afana incansablemente en la pesquisa de un fin. Nada le parece superior a lo demás; nada vale más, todo es igual. Lleva en la mano –decíamos- siempre su propia vida, y como todo le parece del mismo valor, consecuente con su corazón, está siempre dispuesto a ponerlo sobre cualquier cosa,
Una sociedad donde cada individuo tuviera la potencia y la audacia de ser fiel a sí mismo, sería una sociedad perfecta.

jueves, 13 de octubre de 2011

Dime lo que escribes y ...

Dime lo que prefieres y te diré quién eres. Toda predilección es auténtica confesión, un mostrarse semidesnudo ante los demás. Una suerte de strip tease psicológico. Parafraseando a Ortega y Gasset; en la elección de las palabras mostramos al mundo nuestro más auténtico Ser, lo que realmente somos.
Escribir es exponerse, mostrarse a los demás. Es salir del cascarón de la intimidad y publicitar el alma.  Es hacer público lo privado. El escritor vive a la intemperie. El escribir, el narrar es un método para acceder a la realidad de las cosas, sin cosméticos adjetivos ni adobamientos cualitativos.
A diferencia de la intimidad, que es genuina e incapaz de ficción o dramatismo; el mundo exterior, público, el fuera, es el mundo de la representación, de la soberanía pública compartida y limitada, el mundo de la participación, donde la propia vida se entrelaza y completa con la vida de los demás. Escribir tiene siempre ingredientes de teatralidad porque se desarrolla de cara al público y se expresa, sea de una manera metafórica o explícita, pero siempre es referencia a un mundo interior que se hace exterior.

Esas técnicas periodísticas: quién lo ha hecho (sujeto) qué ha sucedido (hecho), Cuándo (tiempo), dónde (lugar), por qué (causa), cómo (modo), o la famosa “pirámide invertida” son para periodistas -que escriben con tinta de linotipias- y son “profesionales” de la redacción, y escriben sobre lo inmediato y contingente. Los periodistas están haciendo de los blogs su sala de exposiciones. Y la palabra escrita se hace amarilla e intrascendente. Ningún lector avisado de “El hocicón” cree un rasgo de ingenio a un titular falso en primera plana como "El gobierno dará marcha atrás con el plan de seguridad" o verá una simpática broma en el noticiero del Canal 69 de ayer: "Al alza del dólar. Poco, pero preocupa", con el subtítulo aclaratorio: "La divisa estadounidense aumentó dos centavos". Hace poco leíamos el anuncio de la aparición del pájaro Uyuyuy, que con toda “seriedad” aparecía en un blog periodístico.
El escritor , el autentico escritor, escribe con su sangre.
Niezstche dice "De todo lo que se escribe, sólo me gusta lo que un hombre escribe con su propia sangre. Escribe tú con sangre, y comprenderás que la sangre es espíritu".

Paganinni: Grande sonate en la majeur - Filomena Moretti

lunes, 10 de octubre de 2011

Erotismo callejero

En la calle suceden las cosas y los casos. Allí nos acontece la vida.
Es en la calle donde se ven las más hermosas hijas de Venus. Todas bellezas. La mayoría nos parecen semidiosas griegas aromatizadas con la inconfundible “esencia de la juventud”. Algunas, no tan jóvenes, destilan lociones creados por inteligentes y obscenos perfumistas franceses. En la calle, entre tanta deidad griega y apsaras hindúes se nos viene encima como tormenta tropical inesperada –recurrentemente-, una inflamada aceleración de pulsos y una tumescencia epidérmica que proviene, seguramente, del mismísimo, primitivo y primordial zumo que ha hecho que la humanidad herede suyos a los suyos.
Hay bellezas de todos los tipos. Variopintas somatotipias para todas las demandas y apetencias. Alguna de ellas se nos antojó heroína de película de contraespionaje internacional (era ella una mujer para un escape perfecto), con que no se qué de misterio y de penetrante en la mirada. Por acá pasa otra de caminar tan leve e ingrávido que, bien pudiera caminar sobre algodones sin dejar huella alguna. Otra mas allá, con un aspecto…mas "nacional", parece –por lo pulcra y atenta- indudablemente, azafata de avión transoceánico...de las que nosotros conocemos apenas por la televisión. Aquella que pasa por mi vera, tranquila y sonriente, parece por su albúrea sonrisa, una de esas ninfas que lo seducen a uno a cambiarse de aefepé. Parece ser experta en relaciones públicas, de esas que inquietan, y hacen trastabillar a  hombres de vasta esperticia en las lides amatorias.
Pasa una –oh, my god-, parece una hurí de Mahoma. Nosotros –Eros y Yo- en poética exaltación nos dijimos al interior y al unísono, un verso digno de Gustavo Adolfo…ésta es la nos recetó el médico!!!. Traía con ella un aroma a quinta de manzanas de veranos adolescentes…que ya habíamos olvidado. Era bellísima. Esta mujer desconocida –lo confesamos- fue la que nos provocó una efusión anarcosentimental de ribetes literarios. Fuimos –por antonomasia- todos los poetas del mundo. Ella…totalmente ignorante de lo que nos sucedía, miraba con ojos lánguidos hacia su destino, sin saber que nos había invitado calladamente –por el solo hecho de existir- al idilio erótico, a la exaltación de la poesía, al riesgo heroico de todas las libertades.
Frente a este tipo de mujeres, generalmente sucede que el andamiaje de la estabilidad estimativa cae a tierra estrepitosamente, y pareciera que se suelta el viejo y duro cascarón y se siente uno con una piel nueva y extremadamente sensible.
Nos paseamos alrededor de ella como un turista extasiado frente a una estatua clásica… y la imaginación la idealizaba cada vez más en esos minutos de poeta casual (será que ya la habíamos pre-sentido mucho antes?), y fue en ese mismísimo instante en que se alzaba gigante entre toda la legión de sus congéneres –ante las cuales el regordete cupido nos había insensibilizado para siempre- cuando nos nació decirle una breve y sencilla frase exenta de manierismos y rebuscamientos: leve como velo de nube del pincel de Rubens; ojos azules como pena azul del que no los ha visto, hiperbórea mariposa que vuela transparente entre las flores del jardín de Venus…, ¿porqué tu andar te aleja de mí si bastara detenerlo para que la latitud de nuestra separación cesara de crecer y, juntos nos acerque a las atmósferas afrodisíacas y perfumadas del dominio de los vergeles de Afrodita enamorada...?
Fue en ese momento que un violento golpe en la nariz me trajo violentamente a la realidad de la calle  –ella no entendió la metáfora-…es en la calle donde suceden las cosas y los casos.