martes, 15 de mayo de 2012

El poder del pensamiento

"Toda nuestra dignidad consiste en el pensamiento."
PASCAL
¿Para qué sirve el pensar metódico? ¿Pensar sirve para algo? Martín Heidegger en sus cursos dictados en el Universidad de Friburgo en 1951-1952 y editados bajo el título ¿Qué significa pensar? bosqueja los temas más significantes que rodea la relación pensar-aprender. "Es cierto que todos los hombres, a diferencia de los animales, piensan; pero no cualquiera es pensador." (Heidegger) "Para ser capaces de pensar se requiere que aprendamos a pensar. ¿Qué es aprender?" (Heidegger) Desde la retórica académica se podrían elucubrar muchas cosas y darnos vueltas alrededor de los conceptos como polilla alrededor de la lámpara.
Digamos primeramente que el hombre comienza a ser hombre por medio del pensamiento. Cuando conocemos con objetividad y justeza los casos y las cosas, cuando experimento el poder de lo racional como cuando hacemos operaciones aritméticas, en el conocimiento empírico de la naturaleza, cuando planificamos técnicamente una estrategia crematística nos hacemos más integralmente humanos y hombres. La importancia y aplicación de lo racional en aquello que verdaderamente nos interesa, en planeamiento de metas, el conocimiento del sumo bien, en el conocimiento de lo trascendente y de la libertad humana, despierta un pensar potente que con lo medios del intelecto es mas que intelecto. Es por eso que el filosofar impulsa hasta los límites del conocimiento intelectual para profundizar en el océano de la realidad.
En los límites en el saber cesa el conocer, pero no el pensar. El intelecto –la ratio griega- es el gran amplificador que fija los objetos, dice Jaspers, despliega el contenido de los entes y que hace incluso de cuanto no es apresable por el intelecto algo poderoso y claro como el mismo.
El pensar se hace excelente en la filosofía. Pero en una filosofía libre, sin coacciones de ningún tipo.
En la "Introducción" a la Filosofía del Derecho, al considerar la situación de los intelectuales en la sociedad de su época, Hegel concluye: "(...) entre nosotros la filosofía no es ejercida como lo fue entre los griegos, como un arte privado, sino que tiene una existencia conocida por el público, en forma particular o al servicio del Estado." Schopenhauer adversario intelectual de Hegel lo trata de "filosofastro insulso", que dirigía un "establo de ovejas filosófico"; por la notoria inclinación de Hegel a la “filosofía oficial”.  Hace extensa la crítica a todos aquellos que quieren hacer de la filosofía una suerte de “doméstica” al servicio de los dueños de casa. En ese sentido Schopenhauer es notablemente claro al denunciar a los profesores de filosofía como: "(...) asalariados empleados de la cátedra para los fines del Estado, que tienen que vivir de la filosofía (y) que ya han tomado posesión del mercado." (...) "Aquellos representantes de la filosofía en la vida burguesa representan en su mayor parte algo así como los bufones de los reyes." "(Esa) filosofía de cátedra (que) termina separando a la filosofía como profesión de la filosofía como libre investigación de la verdad o la filosofía por encargo del Gobierno..."
 

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