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lunes, 25 de enero de 2016

La Cibernética

En Creta reinaba el poderoso Rey Minos. Su capital era célebre en el mundo por el laberinto –diseñado por Dédalo-, un recinto lleno de intrincados corredores, del que era casi imposible encontrar la salida. En el interior vivía el terrible Minotauro, un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre, fruto de los amores de Pasifae, la esposa de Minos, con un toro que Poseidón (infidelidad y zoofilia flagrante), dios de los mares. En cada novilunio había que sacrificar un hombre al Minotauro, pues cuando el monstruo no satisfacía su apetito, se precipitaba fuera del laberinto para sembrar la muerte y desolación de los habitantes de la comarca.
Teseo –el jovencito- ató el extremo del hilo que le dio la bella Ariadna a la entrada del laberinto y lo fue  desenrollando, a medida que avanzaba por los intrincados corredores. Tras mucho caminar, penetró en una gran sala y se encontró frente al temible Minotauro, que bramaba de furor y se lanzó, furioso contra el joven Teseo. El Minotauro era tan espantoso, que Teseo estuvo a punto de desfallecer, pero consiguió vencerle con la espada flamígera que era mágica. Le bastó luego seguir el hilo de Ariadna en sentido inverso y pronto pudo llegar a la puerta de ESCAPE.

Desde entonces, desde l siglo VI a.C. es venerado en un culto particular. Cada año se celebraba el recuerdo del viaje de Teseo a Creta con abundantes carretes y entretenimientos, que se extendían desde el 6 al 12 de Pianepsio, es decir el Octubre de nuestros días. El punto culminante de las fiestas eran la “Cibernesias”, fiestas que glorificaban el arte de la navegación y se celebraban la tarde del sexto día en Falerón; según la leyenda habían sido instituidas por el mismísimo Teseo en homenaje a Nautísoo y Fayáxx, sus pilotos del barco –y compañeros de jarana- que lo condujeron a Creta.
La palabra Kybernétes (ciberneta) desde aquella antigüedad remota tiene el sentido de timonel, piloto, navegante. De allí viene la palabra Cibernauta como navegante en este océano de la Información. Se habla de cibercultura, etc. etc…Hoy día la Cibernética es la ciencia que se ocupa de los sistemas de control y de comunicación en las personas y en las máquinas, estudiando y aprovechando todos sus aspectos y mecanismos comunes. El nacimiento de la Cibernética como ciencia se estableció en el año 1942, volviendo a poner en uso aquel término acuñado en aquellos tiempos míticos.

Sobre la Amistad

La amistad, como sabemos, tiene una función básicamente integradora en la sociedad. Dentro del aprendizaje social de las relaciones con los demás, la amistad ( que siempre es voluntaria y algo de interesada) permite que se tome conciencia de la realidad del otro, se formen actitudes sociales y se tenga experiencia de las relaciones interpersonales.

Cuando el afecto amoroso es honesto y sincero se hizo hábito en alguien, se dice que se quiere con un amor de amigo. Al decir que es un hábito también decimos que se construye, es una unión –simbiótica generalmente- que se fragua con devenir del tiempo. 

El amor de amistad se coloca decididamente fuera del ambiente familiar y se aparta de la coloración sexual. Según Santo Tomás, el amor de amistad es un amor perfecto. En este amor perfecto salgo totalmente fuera de mí  y voy a mi amigo del alma; yo amo a mi amigo por él mismo, con sus excelencias y debilidades. Es un éxtasis de la intimidad (éxtasis no como algo sobrenatural, simplemente es estar fuera de sí), "la unión afectiva íntima entre el amante y el amado, que es el amor, supone la salida del amante de sí mismo y su persistencia afectiva en el amado, el éxtasis." En ese éxtasis yo me encuentro a mí mismo en el otro, su humanidad se transforma en mi refugio, en mi cobija y resguardo de las tantas afrentas diarias. Es el acto más encumbrado del amor, es la aprobación que hace mi intimidad de la intimidad del otro. Esta intimidad no es un espacio cerrado, sin aperturas ventilatorias, sino una relación que une por dentro a las personas, en el ámbito luminoso del amor amical. "La intimidad, interioridad relacionada, se forma o fragua en el curso de la vida personal - el hombre comienza a descubrir la intimidad en una etapa de su vida -, y podemos contribuir a promoverla, a impulsarla con en el otro y en otro: es más, ella no se profundiza ni se amplía sin el contacto, roce, fricción con el otro. Una intimidad es fuerte en la misma medida en que tiene capacidad de compartir y de relacionarse creativamente." Por eso esta interioridad, esta intimidad no es distancia sino que se convierte en vínculo. No hay otro modo de apertura personal total que la realizada en la intimidad de las conversaciones frente a una cerveza.



Pero hoy día se practican amistados descaradamente interesadas y, se aplica al fenómeno de la amistad como unión simbiótica, se le considera una forma inmadura de plantear y practicas amistades. Podría hablarse de unión simbiótica entre el feto y la madre embarazada; la sumisión o masoquismo, donde la persona renuncia a su integridad convirtiéndose en instrumento manipulador de alguien o algo ajeno a él; la dominación o sadismo, forma activa frente a la pasiva que representa la sumisión, quien escapa de su soledad creando en otro individuo la prolongación de su ser. La mayoría de los “amigos” de hoy nadan como rémoras adheridos como parásitos a la sombra del gigante tiburón. Usufructuando de las sobras que va dejando de sus festines carbonarios y, a cambio, las pequeñas rémoras le limpian la piel y el interior de la boca.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Filosofía anónima

“Bien mirado, la filosofía no es tan despreciable: ocultarse tras verdades más o menos objetivas, divulgar pesadumbres que en apariencia no nos afectan, cultivar desasosiegos sin rostro, esconder bajo el fasto del verbo voces de desamparo. ¿La filosofía? Grito anónimo...” Dice Ciorán en su fascículo “Desgarradura” (recomiendo su lectura, siempre que no sea flácido de estómago). De alguna manera la frasecita se Ciorán tiene razón. La filosofía es un mirar de lejos…Ortega se llama a sí mismo “Espectador”… Este celebérrimo vocablo goza de afamado linaje. Lo encontró Platón sobre las arenas vírgenes de las playas del conocimiento griego. En su República concede una misión especial a los que el denomina “amigos del mirar”…desde lejos, sin involucrarse. Son los especulativos, y en primer plano, ellos los filósofos, los teorizadores –que quiere decir los contemplativos. Los filósofos observan como fluye la vida desde su punto de vista individual buscando objetividades, buscando la conexión de las cosas entre sí.
Desde el desierto del norte chileno, donde nos hemos asentado –psiquis y yo-, vemos distancias siderales con claridad privilegiada. Mi Pucón natal arrullado por el lago Villarrica descansa lejos, muy lejos de mi circunstancia actual y factual.  Nuestra vida transcurre aquí y ahora, y este es nuestro “punto de vista” sobre el universo individual y sobreindividual. Desde aquí observamos, y esta es nuestra primaria circunstancia mundanal. Desde acá miramos el mundo.
El escritor, por ejemplo, necesita de un público pasivo, “como el licor de la copa en que se vierte” (feliz tropo ortegiano); el filósofo, el auténtico, anda lejos de pretender semejante cosa. El filósofo anda a la caza de los “amigos del mirar”  y, eventualmente, lectores meditativos que pelen el mundo como si fuera una naranja. Se buscan lectores que no quieren ser convencidos de algo, sino que repiensen por si mismo lo que han leído.
Heidegger habla de dos pensares: el pensar calculador y la reflexión meditativa. El pensar utilitario de las calculadoras prima hoy sobre el pensar por el pensar. La “mera reflexión” como la llama el pensador alemán es demasiado elevada para el pensamiento común. El pensar meditativo exige a veces un esfuerzo superior…dice. Exige un largo training. Requiere cuidados aún más delicados que cualquier otro oficio auténtico.
Aunque el saber es propiamente saber lo que una cosa es. Su objeto propio es el ser. Decir, pues, ignorancia es decir que alguien necesita violentamente, quiera o no, averiguar el ser de las cosas. Esta es precisamente la condición del hombre. La condición humana no es el conocimiento; la forma primaria de ese trato nuestro con el contorno no es “contemplativa”; no consiste en que yo me ponga a pensar en las cosas y sobre ellas. Evidentemente, para poder pensar sobre las cosas y ocuparme en “contemplarlas”, tuvieron éstas que estar ya antes en una relación conmigo no “contemplativa”. Pensó Descartes que vivimos o existimos porque pensamos, y en tanto en cuanto que pensamos, no advirtiendo que el pensar se presenta desde luego como un esfuerzo reactivo a que nos obliga nuestra existencia pre-intelectual. La verdad es que no existo porque pienso, sino al contrario, pienso porque existo, porque la vida nos plantea brutales problemas que no puedo eludir.

Los profesores de filosofía son cuento aparte; mencionemos a Shopenhahuer que dice que su filosofía no ha sido creada en absoluto para vivir de ella: "(...) asalariados empleados de la cátedra para los fines del Estado, que tienen que vivir de la filosofía (y) que ya han tomado posesión del mercado." (...) "Aquellos representantes de la filosofía en la vida burguesa representan en su mayor parte algo así como los bufones de los reyes." "(Esa) filosofía de cátedra (que) termina separando a la filosofía como profesión de la filosofía como libre investigación de la verdad o la filosofía por encargo del Gobierno..." El mismísimo Kant –prototipo del filósofo- llegó a decir: "si puedo pagar no me hace falta pensar"; un tanto atrapado por la ascendente burguesía europea y previendo el advenimiento del conocimiento como mercancía, pero…, sabemos, que el fue un espectador por excelencia. El mismo Kant escribe mas adelante: "No os convirtáis en esclavos de los hombres; no remitáis que vuestro derecho sea pisoteado impunemente. (...) Humillarse y doblegarse ante un hombre parece en cualquier caso indigno de un hombre. (...) Quien se convierte en gusano, no puede quejarse después de que le pisoteen." (KANT, 1993)

La filosofía “grito anónimo” dice Ciorán en su pedrada. La filosofía nunca es histriónica, luces, fuegos artificiales. Los filósofos son, contrario a los escritores que sufren constantemente de verborrea, logorrea, locuacidad mórbida e incontinencia de la palabra (propensión a hablar mucho y fuera de propósito). Como señala Plutarco: “queriendo ser amados, son odiados; queriendo hacer favores, importunan; creyendo ser admirados, son objeto de burla; sin ganar nada, gastan, ofenden a los amigos, aprovechan a los enemigos, se arruinan a sí mismos. De tal suerte, este es el primer remedio y medicina de su pasión: la reflexión sobre las vergüenzas y dolores que vienen de ella.”

La filosofía es atemporal y sin compromisos. Aunque en todos los tiempos se ha querido politizar y hacer de ella un esbirro de gobiernos contingentes. Platón bosqueja la figura del auténtico filósofo como alguien que ha de  alejarse, poco a poco, del ágora, de la plaza pública, de la polis. Y Plotino llega a decir que los asuntos políticos —la distinción entre hombres libres y esclavos, entre reyes y súbditos o incluso el asalto a las ciudades o las guerras— no merecen la atención del filósofo (menos aún del sabio): harta materia tiene éste con asuntos que nada tienen que ver con la patria terrestre. ¿No había dicho ya Anaxágoras, cuando le preguntaron por sus ideas políticas, señalando al cielo astral: “esa es mi patria”? Y no sólo los neoplatónicos: también los filósofos epicúreos y los cínicos renegaron de cualquier interés relacionado con los saberes políticos, como pueda serlo el interés por las técnicas militares: “¿Hasta cuando se debe filosofar?”, le preguntaron a Crates el cínico, que respondió: “Hasta tanto que los generales de ejército parezcan conductores de asnos”.



domingo, 8 de febrero de 2015

Obediencia


"Por de pronto, concebimos al filósofo principalmente como conocedor del conjunto de las cosas, en cuanto es posible, pero sin tener la ciencia de cada una de ellas en particular. En seguida, el que puede llegar al conocimiento de las cosas arduas, aquellas a las que no se llega sino venciendo graves dificultades, ¿no le llamaremos filósofo? En efecto, conocer por los sentidos es una facultad común a todos, y un conocimiento que se adquiere sin esfuerzos no tiene nada de filosófico. Por último, el que tiene las nociones más rigurosas de las causas, y que mejor enseña estas nociones, es más filósofo que todos los demás en todas las ciencias. Y entre las ciencias, aquella que se busca por sí misma, sólo por el ansia de saber, es más filosófica que la que se estudia por sus resultados; así como la que domina a las demás es más filosófica que la que está subordinada a cualquiera otra. No, el filósofo no debe recibir leyes, y sí darlas; ni es preciso que obedezca a otro, sino que debe obedecerle el que sea menos filósofo."
Aristóteles: Metafísica, libro I, 2 (Trad. Patricio de Azcárate)

domingo, 16 de marzo de 2014

La familia


“Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia, que nos habla. Este nos debe entenderse como un complemento directo. Somos hablados y, debido a esto, hacemos de las casualidades que nos empujan algo tramado. Hay en efecto una trama-nosotros la llamamos nuestro destino”
(Jacques Lacan, en “Joyce el síntoma”. Conferencia dictada el 16/6/75)

lunes, 29 de julio de 2013

Yo soy yo y mi circunstancia

La conocida tesis de Ortega y Gasset: “yo soy yo y mi circunstancia” la encontramos, ya en sus Meditaciones del Quijote de 1914, y desde entonces forma parte exclusiva y original de su filosofía. Como escuchamos a menudo en el lenguaje ordinario, la circunstancia orteguiana es el entorno, el contorno; lo que se halla alrededor de algo, lo perimetral a alguien; pero Ortega encumbra esta tesis a categoría fundamental de lo que llamamos vivir. Podemos intentar resumir sus nociones en relación al mundo o circunstancia del siguiente modo:
Los componentes de la circunstancia son variopintos: sin lugar a dudas, la circunstancia es el mundo vital en el que se halla –quiera o no- inmerso el sujeto, por lo que se envuelve en ella el mundo material y todo el entorno que aparece en la vida de cada cual (cultura, historia, sociedad,...): en la circunstancia se incluyen las cosas físicas, pero también las personas, la sociedad, el mundo de la cultura; es el mundo en el que el sujeto está inexorablemente instalado. Este es el lado más claro y distinto de su idea. Pero en muchos de sus escritos también incluye en la noción de circunstancia el cuerpo y la mente o alma del sujeto. La razón de esta inserción es que nosotros –cada cual en su la vida- se encuentra con un cuerpo y habilidades, capacidades psicológicas e incluso nuestro propio e individual carácter como algo que ya nos ha sido dado desde “afuera de nosotros mismos”, con algo que puede favorecer o ser un obstáculo para nuestros particulares, pero “propios proyectos, de la misma manera que el resto de las cosas que componen el mundo circundante.  El mundo es un dato más que nos ofrece la vida, no es una realidad independiente: el yo se encuentra en la vida “con” el mundo, con su mundo. No es verdad que primero nos encontremos a nosotros mismos y después al mundo; nos encontramos a nosotros sólo en proporción en que nos vemos instalados en un mundo, por lo pronto extraño, en cuanto en tanto que nos ocupamos con las cosas y sus casos, con las personas, los “otros”; con nuestra circunstancia. “Su verdadero ser se reduce a lo que representa como tema de mi ocupación. No es por sí, subsistente, aparte de mi vivirlo, de mi actuar con él. Su ser es funcionante: su función en mi vida es un ser para, para que yo haga esto o lo otro con él.” Mi yo individualísimo se va formando en su enfrentamiento con el mundo y a partir de sus solicitudes. Mundo es lo que hallo frente y en torno a mí, a mi al derredor, lo que para mí efectivamente existe y me fuerza a contar con él.

martes, 15 de enero de 2013

La metafísica como salvación

De Karl Jaspers leemos en "Esclarecimiento existencial" lo siguiente:
"El hombre, salido de la infancia, trabaja, pero el látigo y el pan lo movilizan; entregado a la libertad, es inerte y lascivo. Su ser-ahí es comer, aparearse, dormir, y, si  cuando éstos se dan en medida insuficiente, la miseria. Para otro trabajo que no sea mecánico, que pudiera aprender, no es capaz. A él lo dominan la costumbre, además aquello que en su círculo se conoce como opinión general, y una necesidad de valer, que busca reemplazo para su faltante conciencia de sí. En el azar de su querer y hacer se hace patente su incapacidad para el destino. Lo pasado se le escurre rápida e indiferentemente, su previsión se limita a lo más próximo y grosero. Él no toma conciencia de su vida, sino sólo de sus días. No hay una fe que lo espiritualice, nada es para él incondicionado, a no ser la voluntad ciega de ser-ahí y el impulso vacío a la felicidad. Su ser permanece él mismo, si acaso él trabaja en la máquina o participa en la actividad de la ciencia, si acaso él manda u obedece, si acaso inseguro no sabe cuánto tiempo más tiene para comer, o su vida parece asegurada. De un lado para otro movido por situaciones está él constantemente tan sólo en el impulso de estar cerca de sus congéneres. Faltándole una continuidad fundamentada en la comunidad y en la lealtad de hombre a hombre, permanece como el ser de un día, sin el camino de una vida a partir del peso del ser sustancial".
Pero, para Jaspers esta no es la situación definitiva del bípedo implume...felizmente. Hay una posibibilidad de la existencia para salir de ese condicionamiento ilimitado en un mundo de intereses contingentes, conveniencias circunstanciales, apetitos por el poder temporales y éxitos efímeros.
Esta tensión entre dos mundos: mundo y trascendencia, ser-ahí  y existencia está presente transversalmente a través de toda la obra Jasperiana. La situación original del hombre es de una total desorientación.  Allí se acerca a la metafísica.
La Metafísica  es algo que el hombre hace y ese hacer metafísico  consiste en que el hombre busca una orientación radical en su situación. Esto parece implicar que la situación del hombre es una radical desorientación, o lo que es lo mismo, que a la esencia del hombre, a su verdadero ser no pertenece como uno de los atributos constituyentes el estar orientado sino que, al revés, es propio de la esencia humana estar el hombre radicalmente desorientado. Dice Ortega y Gasset en la Lección II de ¿Qué es Filosofía?
Para Ortega, Metafísica  es que el hombre hace cuando busca una orientación radical a su incómoda situación. Esto pre-supone que la situación del hombre es des-orientación. Decir  “desorientación” es decir “sentirse perdido”.” El hombre se siente perdido, no  por ratos, no algunas veces sino siempre, o lo que es igual,  que el hombre consiste sustantivamente en sentirse perdido. ¡Sentirse perdido! ¿Han reparado ustedes bien en lo que esas palabras por si mismas significan, sin trascender de ellas para nada? Sentirse perdido implica, por lo pronto, sentirse: esto es, hallarse, encontrarse a sí mismo, pero a la par, ese sí mismo que encuentra el   hombre al sentirse, consiste precisamente en un puro estar perdido.”
Vivir es encontrarse irremediablemente náufrago entre las cosas y los casos. No hay más remedio que tratar de agarrarse a ellas. Pero ellas son resbalosas, fluidas, indecisas, fortuitas. Por eso que nuestra relación con las cosas sea constitutivamente inseguridad. La vida no nos es dada ya hecha, sino que cada cual tiene que hacérsela, y el espíritu del hombre no es ser primariamente mero espectador de su existencia, sino autor de ésta; tiene que irla decidiendo y  haciendo de instante en instante. Si las cosas que nos rodean –la circunstancia- se nos impusieran absolutamente en cada instante, serían ellas las que decidieran de nosotros. Pero ahí está: las cosas en la estancia que nos circunda se presentan respecto de nosotros con un carácter indeciso, vacilante, dudoso. La vida, entonces, es primariamente encontrarse uno sumergido entre las cosas, y mientras es sólo esto consiste en sentirse absolutamente perdido. La vida es perdimiento. Por lo mismo nos obliga, queramos o no, a un esfuerzo voluntarioso para orientarse en el caos, para salvarse de esa perdición.
Este esfuerzo es el conocimiento que arranca del caos un proyecto de orden, un cosmos.

jueves, 12 de abril de 2012

la ciencia del escándalo

“La verdadera ciencia del escándalo no se aprende sino estudiando la envidia humana, un estudio fuera de programa, pero que a pesar de todo he hecho y a fondo, de lo cual me congratulo. La envidia es una admiración que se disimula. El admirador que siente la imposibilidad de experimentar felicidad cediendo a su admiración, toma el partido de envidiar. Entonces emplea un lenguaje muy distinto, en el cual ahora lo que en el fondo admira ya no cuenta, no es más que insípida estupidez, rareza, extravagancia. La admiración es un feliz abandono de uno mismo; la envidia una desgraciada reivindicación del yo.”

Soren Kierkegaard “la enfermedad mortal”

lunes, 9 de abril de 2012

Subjetivismo, Perspectivismo y Tolerancia

Subjetivismo no es lo mismo que subjetividad.
El subjetivismo: término con que designan las teorías filosóficas en que se somete la realidad al pensamiento. Se emplea como antítesis al objetivismo. En el sentido más extremo, el subjetivismo llega al límite de negar la capacidad del yo para conocer todo ente extramental. Los solipsistas sostienen que el yo no puede conocer nada que no sea el yo mismo y sus exclusivas representaciones.
Según lo ha dicho Francisco Bradley en Appearance and Reality, “yo no puedo ir más allá de los límites que marca la experiencia, y la experiencia es mi experiencia. De esto se deduce que nada existe más allá del yo”.

Por el innegable origen filosófico del término, es conveniente comenzar el recorrido de la significación del término por este estadio, dentro del cual el clásico diccionario de filosofía de Abbagnano lo define así:
1) El carácter de todos los fenómenos psíquicos, en cuanto fenómenos de conciencia, o sea tales que el sujeto los refiere a sí mismo y los llama “míos”.
2) Carácter de lo subjetivo en el sentido de ser aparente, ilusorio o deficiente. En este sentido Hegel colocó en la esfera de la S. al debe ser en general, como también a los intereses y las finalidades del individuo. “En cuanto al contenido de los intereses y de las finalidades -decía- está presente solamente en la forma unilateral de lo subjetivo y la unilateralidad es un límite, esta falta se demuestra al mismo tiempo como una inquietud, un dolor, como algo negativo” (Lecciones sobre estética, ed.Glockner, I, p.141). Kierkegaard quiso invertir el punto de vista hegeliano, colocando a la S. por encima de la objetividad: “El error está, en principalmente en que lo universal, en lo que el hegelianismo hace consistir la verdad (y el individuo llega a ser la verdad si está sujeto a él), es una abstracción: el Estado, etc. Hegel no llega a decir qué es la S. en sentido absoluto, y no llega a la verdad, o sea al principio que enuncia: que, en última instancia, el individuo está en realidad por encima de lo universal” (Diario, X² A 426) (p. 1069).
Ferrater Mora traza al concepto más extensamente de la siguiente forma: La definición más general que puede darse de “subjetivismo” es: la acción y efecto de tomar el punto de vista del sujeto. El sujeto puede entenderse como un sujeto individual, como el sujeto humano en general o como el sujeto trascendental en sentido kantiano. En este último caso no puede hablarse de subjetivismo porque, porque el sujeto trascendental es el conjunto de condiciones que hacen posible el conocimiento para cualquier sujeto cognoscente y, en último término, el conjunto de condiciones que hacen posible todo conocimiento, aunque no sea formulado por un sujeto concreto.
En general, cuando se habla de subjetivismo, el sujeto que se tiene en mente es algún sujeto humano individual…un individuo. El punto de vista de tal sujeto es un punto de vista particular y privativo. En principio, este punto de vista puede ser correcto (al cabo, un solo sujeto particular puede acertar y todos los demás pueden errar). Pero se presume que el punto de vista del sujeto particular está restringido sólo por sus particulares condiciones y que éstas condicionan los juicios formulados. Si las condiciones particulares de un sujeto no coinciden con las de otros sujetos, no se desemboca en un punto de vista inter-subjetivo, sin el cual se supone que no se puede alcanzar objetividad.
El subjetivismo es por ello emparejado al relativismo, y principalmente al relativismo individualista. El subjetivismo puede afectar a juicios de valor tanto como a juicios de existencia, pero lo más común es vincular el subjetivismo a juicios de valor.
Suele denunciarse al subjetivismo como manifestación de la arbitrariedad del sujeto o individuo que formula opiniones un tanto etéreas. Juicios formulados en virtud de intereses subjetivos (“personales”, “individuales”) y mediante procesos racionales de estos intereses es estimado como juicios inadmisibles si se quiere alcanzar “la verdad”; así se equipara de continuo el subjetivismo con el relativismo a ultranza. Se dice, a propósito, que una opinión subjetiva es una opinión “parcial”, arbitraria, improcedente, subjetiva.

Ortega y Gasset, dice: "La verdad, lo real, la vida -como queráis llamarlo-, se quiebra en facetas innumerables, en vertientes sin cuento, cada una de las cuales da hacia un individuo. Si éste ha sabido ser fiel a su punto de vista, si ha resistido a la eterna seducción de cambiar su retina por otra imaginaria, lo que ve será un aspecto real del mundo."
El perspectivismo ortegiano sustenta la multiplicidad de los posibles puntos de vista sobre lo real, una suerte de “subjetivismo objetivo”; pero esta diversidad debe ser unificada desde algún principio directriz. Este principio rector radica, para Ortega, en la afirmación de que esas perspectivas múltiples no son contradictorias y excluyentes unas para otras. Todo lo extremo contrario, esas perspectivas deben ser unificadas, porque en cada una de ellas hay una fracción de verdad; de modo que "la Verdad" estaría constituida por la unión de esas múltiples perspectivas. Ello lleva a entender la verdad como algo que se va alcanzando paulatinamente en la medida en que se van unificando perspectivas.

Según esta tesis, el otro, el absolutamente otro, tiene un propio valor en sí, en cuanto sujeto de personales perspectivas; aunque su perspectiva no coincida en ningún momento con la mía. El otro será más estimable en la medida en que irradie mejor su perspectiva, su personal punto de vista, en la medida en que guarde más fidelidad a su individualidad. El único imperativo que puede conservarse como absoluto es, precisamente, el imperativo de la individualidad, el que nos dictamina ser fieles a nuestros propios puntos de vista. Ser auténticos llama Ortega a esta condición.
Para no caer en el escepticismo ni en el relativismo se impone la solución de la síntesis de las perspectivas. Esta síntesis puede ser resumida en el plano moral, político o religioso con el término "tolerancia". Tolerancia no significa, de modo alguno, la renuncia a los propios enfoques o a la obstinación en que el otro renuncie a las propias y suyas. Al contrario, tolerancia significa la aceptación de que las posiciones del otro tienen el mismo derecho a existir que las mías, porque unas y otras son parciales y complementarias. Así entendida, la tolerancia es un valor positivo que fundamenta una convivencia más armónica al interior de los grupos humanos.

jueves, 5 de abril de 2012

Personales Recuerdos

Al contrario de lo que comúnmente se piensa, el tiempo no borra nuestras experiencias pasadas. Todos podemos recordar sucesos acaecidos allá por las perdidas infancias; son, realmente, las personas mayores las que refieren con más claridad los recuerdos de su infancia, mas aun que los más recientes. Pero el tiempo transcurrido se encuentra relacionado in-directamente con los procesos del olvido. Suele ocurrir que, durante cortos intervalos de tiempo, algo intercepte la cristalización de la información en los caudales de la memoria. Pero existen los recordatorios significativos que nos retrollevan a episodios del pasado. Cada año, en la medida que los especialistas llevan a cabo complejas indagaciones, la memoria va surgiendo como la más sorprendente de todas las facultades humanas. No podemos esperar una explicación sencilla acerca de una facultad que nos lleva por los recovecos del tiempo y explora y registra nuestra individualidad y de la cual depende, en definitiva, en términos reales, nuestra personalísima percepción de “la vida”. Para algunos es una facultad maravillosa y una auténtica congratulación; para otros, una maldición de la que convendría huir rápidamente; para otros, algo indiferente, y para la filosofía es, tal vez, lo más sugestivo con lo que cuenta el hombre. La memoria abarca un ámbito complejísimo, ya que la hallamos en nuestro mundo emocional, en nuestro mundo mental, e incluso en las incógnitas alturas de nuestro mundo espiritual.
¿Qué son los recuerdos? Recuerdo es la capacidad que tenemos de retrotraer a la conciencia actual y presente algo que dejamos atrás, en el pasado, algo que de pronto se vuelve claro y diáfano y vuelve a re-vivirse de nuevo. Es como si el recuerdo nos ofreciese la posibilidad de vivir muchas veces un mismo hecho, pero sin necesidad de re-vivir la circunstancia, porque es esa función psicológica la que nos permite re-construir el contexto escénico. Los recuerdos son la trascendencia; no es la persona, lo material, es otro elemento superior que es el individuo, lo que no se divide, lo único, lo espiritual, lo que permanece es lo que trasciende y traspasa el tiempo y las distancias. No tiene ni la fuerza ni el peso del hábito del recuerdo consueto, no tiene la claridad de un sentimiento, una emoción o una idea que podemos actualizar; pero tiene existencia “concreta”, pero es como una nube, etérea y sutil, que al querer atraparla se nos escapa.
Recuerdo, si me permiten, un acontecimiento radiante y feliz de las primeras infancias. Allá, en el sur de Chile; navidades en un pequeño pueblo en donde todo era verde y cálido: San José de la Mariquina. Víspera de Navidad, ya caída la noche veíamos acercarse por el camino desde el Seminario conciliar San Fidel, una larga hilera de luces inquietas y el silencio de la hora se desoía por voces jóvenes que entonaban cánticos gregorianos en latín. Se acercaban a nuestra casa que se encendía en emociones. Eran los seminaristas que venían a saludar a su profesor (mi padre era maestro de Griego y Latín del viejo seminario enclavado en su solar, cerca del Sanatorio de las monjas alemanas y por el otro costado, el Convento de Monjes franciscanos). Mi madre, hermosa y enorme en su amor hacía los últimos preparativos para recibir al discipulado que se acercaban iluminando con sus cirios el sendero hasta el maderamen del portal de nuestra casa. El árbol de navidad resplandecía con sus velitas franciscanas. El ponche espumante se vaciaba en innumerables copas de cristal para saciar la sed de los cantores. Eran los seminaristas que por diversas razones no pudieron ir a sus lares familiares esos días. Mi madre era madre de todos. Pero sobre todo era mi madre. En medio del centenar de jóvenes estudiantes del seminario estaba mi corta existencia extasiada por la diligencia de la “mamá”. Todos éramos hijos, pero yo me sentía el más amado de todos. Entre los cantos de los estudiantes y el violín de mi padre, era la voz de mi madre la más celestial música que oí y oiré hasta que ya no respire.

sábado, 31 de marzo de 2012

Ira y Venganza

Lucio Anneo Séneca, en “De la Ira” dice: “El color rojo excita al toro; el áspid se levanta delante de una sombra; un lienzo blanco alarma a los osos y leones. Todo lo que es naturalmente cruel e irritable se espanta por cosas vanas. Lo mismo acontece con los espíritus inquietos y débiles: alármanse por sospecha de las cosas, y hasta tal punto, que muchas veces consideran injurias favores ligeros, que vienen a ser fecunda y amarga fuente de su ira. Irritámonos contra nuestros mejores amigos porque han hecho por nosotros menos de lo que habíamos imaginado, menos que recibieron otros; cuando en ambos casos es otro el remedio.” Irritarse por las cosas debidas es asunto difícil. Aristóteles afirma que “el que se irrita por las cosas debidas y con quien es debido, y además cómo y cuándo y por el tiempo debido, es alabado”. Y si no, es casi seguro, que al menos, su actitud se encuentra enteramente justificada y es definitivamente fundamentada. Y esto significa, innegablemente, que la ira no es, en sí y por sí y siempre, mera facticidad reactiva o inter-pelado comportamiento vicioso o inmoral, por más que algunos que pecan de exagerada moralina, intenten sostener lo contrario. Pero no solamente esto: también habría que decir incluso que lo que resulta disoluto, o inmoral, o llanamente estúpido, es la deserción completa de ella, una suerte de no-ira, o de ira al revés, sobre todo en aquellos momentos en lo que es elegante y procedente es…manifestarla.
Ahora bien, que se trata de una emoción –y una de las más elementales y primarias- lo delata su grande intensidad y su carácter transitorio, además de las rugosidades de las expresiones faciales, inconfundibles y acaso universales; y en general, los componentes aspaventosos no verbales, gesticulaciones varias y simbólicas musarañas que la escoltan. Aparece, la ira como velociraptora que ataca ciegamente o como bruja que premedita frente a su caldero de  víboras recocidas: la astucia, la mentira, la adulación tentadora y hasta cierta belleza de silicona engañadora. “Nemo me impune lacessit”,  nadie me ofende impunemente, vocifera el resentido nietzscheano y urde su venganza. Para vengarse, lo primero es aprender el lóbrego arte del disimulo. Incluyendo ciertos fingimientos amistosos con aquel de quien queremos vengarnos, para que no sospeche nada cuando nos acerquemos sigilosamente a él. ¡Salud, amigo, bébete otro vaso de amontillado!

domingo, 25 de marzo de 2012

la figura

No se diga que la figura del prójimo no tiene importancia. “La figura del hombre es el mejor texto para cuanto se pueda sobre él sentir y decir” (Stella). Todo el repertorio de gestos corporales nos evidencian ante los demás, y el buen observador puede trasparentarnos, como en una suerte de radiografía anímica. Nuestro carácter se exterioriza en “las arrugas de la frente”, “la mirada directa o encorvada”, “la gestualidad operática de las manos”, “la tiesura de estandarte del cuerpo”, “esos rasgos agradables en torno de la boca cuando sonríe”, etc. En la apariencia se trasunta los rincones de nuestra personalidad…la energía, la generosidad, la jovialidad, el egoísmo, la ira, la inteligencia, la apatía, etc.; somos nuestra biografía ambulante y la llevamos como se lleva en alto un cartel publicitario. Se manifiesta en nuestro exterior todo un variado relato de nosotros mismos, los cuales son admirables y proporcionan un espectáculo encantador a quien gusta de contemplar las superficies de las existencias. “Lo que hay fuera, hay dentro; lo que dentro hay fuera”.
Para Platón belleza no era la perfección de los cuerpos, sino que era optimidad. Es la forma con que se nos presenta ante los ojos todo lo valioso. Simbólicamente se nos van anunciando los rasgos, el perfil caracterológico de los demás…de la gesticulación corporal, el gimnástico caminar, lo detalles del rostro, de la voz, del ademán. Todo un repertorio de significados expresivos pasa ante el observador atento, que se exterioriza en una forma de ser.

El encanto plástico objetivo, por ejemplo, del ser femenino se nos hace aparente –fenómeno: lo que aparece- y se despliega ante nosotros belleza encantadora, incluso que se percibe a distancia considerable. Con gracia expresiva, la mujer transeúnte, nos envía su mensaje corporal…

domingo, 18 de marzo de 2012

Blogs: droga pesada

En la medida que hemos incursionado en esto de los Blogs hemos constatado que tienen la trascendencia espiritual de una cáscara de papa. Es decir ninguna. Un blog tiene menos trascendencia metafísica que un estornudo de gato. Es un suspiro en medio de la noche o, como querrán oír otros, un pedo en la geometría resonante de una cóncava taza de water.
Los blogs nunca contendrán la latencia fáctica de las creencias humanas.  Podría ya escribirse un “ethos” del espíritu bloguero y sería vacuo. Recordemos que trascender es “ascender subiendo”: es decir un movimiento de vector diagonal hacia delante y arriba.
Los blogs son una buena herramienta periodística que se preocupa de lo contingente e inmediato, de la “doxa” griega. Opiniones que se las lleva el viento, sin ninguna profundidad ni valía en relación con lo auténticamente importante.

Pero si tienen una auto-trascendencia, en el concepto de Aldous Huxley. El alcohol es una de las muchas drogas utilizadas por los seres humanos como un escape de uno mismo. Los blogs en esta etapa experimental aún, también se están convirtiendo en una válvula de escape, un ausentarse de sí mismo y quedar vacante y franco para visitar un mundo que no es el real. Desde la amapola hasta el curare, desde la coca andina hasta el cannabis hindú, cada planta, yuyo u hongo capaz de excitar o evocar visiones con su ingesta, ha sido descubierto y sistemáticamente utilizado desde hace tiempo. Esto parece probar que en todas partes y desde siempre, los seres humanos han experimentado su existencia personal como inadecuada.  Explorando el mundo a su alrededor, el hombre primitivo, evidentemente “probó todo y se quedó con lo que le era útil”. Con el objetivo de la auto-preservación, lo útil es toda fruta y hoja comestible.

En los tiempos modernos, la cerveza y otros atajos tóxicos hacia la auto-trascendencia no son venerados oficialmente como dioses. La teoría ha sufrido un cambio, pero no la práctica, porque en la práctica, millones de hombres y mujeres civilizados continúan con su devoción al alcohol, hashish, opio y sus derivados, barbitúricos y los otros venenos sintéticos capaces de causar la auto-trascendencia. En todos los casos, por supuesto, lo que parece un dios es en realidad un demonio, lo que parece una liberación es en realidad una esclavitud. La auto-trascendencia es invariablemente un ir hacia abajo.

Y aparecieron los Blogs. Un brebaje tan tóxico y enajenante como cualquier “droga pesada”.

Las minorías gobernantes utilizan la búsqueda de la auto-trascendencia por parte de sus sujetos, en principio para divertir y distraerlos y en segundo lugar para llevarlos a un estado de alta sugestión. Las ceremonias religiosas y políticas son bienvenidas por la masa como oportunidades de envenenarse y son bienvenidas por los gobernantes como oportunidades de implantar sugestiones y manipular mentes que momentáneamente no son capaces de razón o voluntad propia.

Los blogs es la versión moderna de “Rebelión de las Masas” Orteguiano. En masa, estos mismos hombres y mujeres se comportan como si no tuviesen razón o voluntad propia. La intoxicación de masa los reduce hasta una condición infrapersonal y una irresponsabilidad antisocial. Drogados por el veneno misterioso que cada miembro excitado secreta, caen en un estado de sugestión similar a un trance hipnótico. Mientras en este estado, creerán cualquier cosa, actuaran ante cualquier comando o exhortación.

Cuando el delirio de masa es explotado por el beneficio de los gobiernos e iglesias ortodoxas, los explotadores siempre se cuidan de no permitir que la intoxicación vaya demasiado lejos.
El síntoma final de la intoxicación de masa es la violencia maníaca. Nos encontramos con delirios de masa que culminan en la destrucción gratuita y en la auto-mutilación feroz. Una masa es el equivalente social de un cáncer. El veneno que secreta despersonaliza a sus miembros hasta el punto en que comienzan a comportarse con una violencia salvaje, de la cual, en su estado normal, serían completamente incapaces.
Para poder escapar de sus propios horrores, la mayoría de los hombres y mujeres elige no ir hacia arriba ni hacia abajo, sino hacia los costados. Se identifican con alguna causa más amplia que sus propios intereses inmediatos, no necesariamente hacia abajo, y si hacia arriba, sólo dentro del rango de los valores sociales del momento. Esta auto-trascendencia horizontal, o casi horizontal, puede llevarse a cabo a través de la auto-identificación con cualquier actividad humana, desde manejar un negocio hasta investigar en física nuclear, desde componer música hasta coleccionar estampillas. Desde ir al cine a ver películas 3D de manera compulsiva,  hasta tener un blog compulsivamente actualizado; lleno de enlaces a “amigos y amigas virtuales” a los que nunca les verá el rostro y con los que jamás experimentará un apretón de manos o una palmada en la espalda de desinteresada aprobación empática.

lunes, 20 de febrero de 2012

Nihilismo antibiótico

“El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora. Ahora bien, es el más activo de los dos. Pues con demasiada frecuencia el Bien haraganea”.
E. M. CIORAN.

El nihilismo contemporáneo es entendido como un abaratamiento y oposición de la vida en pro de las estimativas suprasensibles o ficciones -la vida toma así el precio de la nada-, (una suerte de nihilismo "negativo", en la interpretación de Deleuze sobre Nietzsche) y que deriva ineludiblemente a la desvalorización de esas estimas superiores; no sólo una negación de todo lo vital sino de cualquier potencia o acto de la voluntad (nihilismo "reactivo"), nada tiene alguna valorización, nada es verdad, mundo sin valores, despojado de sentido y finalidad. Recordemos que para Nietzsche toda cultura que crea en la existencia de una realidad total y absoluta, realidad en la que se ubican graciosamente los valores objetivos de la Verdad y el Bien, es una cultura nihilista.
Nietzsche se muestra iluminado, para quien el nihilismo, lejos de ser un problema, representa más bien una solución a la superstición y la ideología.
Se considera que el nihilismo (de nihil = 'nada') es la negación de la realidad sustancial. El nihilismo se ha expresado a veces en forma de una mismísima “concepción del mundo”. Ésta puede ser la concepción del mundo del que adopta un pesimismo drástico y fundamental, o bien la del que adopta un punto de vista totalmente “demolicionista”. En este último sentido se ha expresado el nihilismo en palabras de Mefistófeles, en el Fausto, de Goethe, al decir:

Ich bin der Geist, der stets verneint!
Und das mit Recht; denn alles, was entsteht
Ist wert, dass es zugrunde geht;
Drum besser wär's, dass nichts entstünde.
(Soy el espíritu que siempre niega.
Y ello con razón, pues todo lo que nace
no vale más que para perecer.
Por eso sería mejor que nada surgiera.)

Hay fórmulas radicales de nihilismo (alguna no se pueden tomar en serio). Por ejemplo, una  se encuentra en Pisarév, el cual escribió que “todo lo que puede romperse, hay que romperlo; lo que aguante el golpe, será bueno; lo que estalle, será bueno para la basura. En todo caso, hay que dar golpes a derecha y a izquierda: de ello no puede resultar nada malo”.
Ciorán, el cual ha desarrollado la idea de la “descomposición”: “el mismo nihilismo es un dogma. Todo es ridículo, sin sustancia, pura ficción. He ahí por lo que no soy un nihilista, porque la nada es aún un programa. En la base, todo es sin importancia. Nada existe más que en la superficie, todo es posible, todo es drama”.
En un escrito sobre Marcel escribe Ciorán: “el nihilismo no es una posición paradójica ni monstruosa, sino más bien una conclusión lógica que hace naufragar a cualquier mente que haya perdido contacto íntimo con el misterio (misterio es un nombre pudoroso para el absoluto”.

sábado, 18 de febrero de 2012

La Estulticia como Status

«La risa es satánica, luego es profundamente humana. En el hombre se encuentra el resultado de la idea de su propia superioridad; y, en efecto, así como la risa es esencialmente humana, es esencialmente contradictoria, es decir, a la vez es signo de una grandeza infinita y de una miseria infinita. Miseria infinita respecto al ser absoluto del que posee la concepción, grandeza absoluta respecto a los animales. La risa resulta del choque perpetuo de esos dos infinitos. Lo cómico, la potencia de la risa está en el que ríe y no en el objeto de la risa».                  Baudelaire


Marx consideraba la risa un arma poderosa de la crítica revolucionaria en la lucha contra lo el parasitismo, el arribismo, el burocratismo, la adulación, el respeto servil a los superiores, lo caduco. Es decir Marx está “hecho en los pantalones” de la risa (léase cagado) en algún mundo paralelo en donde se encuentra –ya se habrá enterado con toda su masa, que la transmutación de las almas existe- , ante el espectáculo grotesco de esta realidad actual y “factual”. Esta realidad humana tan famélica y patética que en sus aspectos dolorosos "punza agudamente, dice Farré, por introducir en el alma su afilado aguijón".
Lo cómico es una suerte de válvula de alivio, como diría un ex ingeniero de Chernovil
La comicidad se revela en muy variadas perfiles. Constituye una de sus manifestaciones, por otro lado, por ejemplo, el hipócrita intento de presentar, como hermoso, avanzado y humano la fealdad, lo que se halla históricamente condenado, lo inhumano, lo grotesco. Lo feo, y lo ridículo que se identifica con lo que tiene de desagradable la vida misma.
Pero más vale reírse de las desgracias que detenerse a la vera del camino a lamentarse.
El reírse de la oposición que nos pone la vida la hace más liviana y llevadera.

Cómo no reírse de Erasmo en su “Elogio a la Locura cuando: Habla la estulticia:
Si, por casualidad, alguna mujer quisiese ser tenida por sabia, no conseguiría sino ser doblemente necia, al modo de aquel que, pese a Minerva, se empeñase en hacer entrar a un buey en la palestra, según dice el proverbio. Efectivamente, duplica su defecto aquel que en contra de la naturaleza desvía su inclinación y remeda el aspecto de la aptitud. Del mismo modo que, conforme al proverbio griego, «aunque la mona se vista de púrpura, mona se queda», así la mujer será siempre mujer; es decir, estúpida, sea cual fuere el disfraz que adopte.

     Sin embargo, no creo que el género femenino llegue a ser tan estúpido que me censure por el hecho de que otra mujer, la Estulticia en persona, les reproche la estupidez. Pues si consideran juiciosamente la cuestión, verán que deben a la Estulticia el tener más suerte que los hombres en muchos casos.
     Tienen, primeramente, el encanto de la hermosura, que, justificadamente, anteponen a todas las cosas, puesto que, por su virtud, tiranizan hasta a los mismos tiranos. ¿De dónde proceden lo desgraciado del aspecto, el cutis híspido y la espesura de la barba, que dan al varón aspecto de viejo, sino del vicio de la prudencia, mientras que la mujer conserva las mejillas tersas, la voz fina, el cutis delicado, remedo de perpetua juventud?
     En segundo lugar, ¿qué otra cosa desean en esta vida más que complacer a los hombres en grado máximo? ¿A qué miran, si no, tantos adornos, tintes, baños, afeites, ungüentos, perfumes, tanto arte en componerse, pintarse y disfrazar el rostro, los ojos y el cutis? Así, pues, ¿qué las recomienda a los hombres más que la necedad? ¿Hay algo que éstos no les toleren? ¿Y a cambio de qué halago, sino de la voluptuosidad? Se deleitan, por consiguiente, sólo en la estulticia y de ello son argumento, piense cada cual lo que quiera, las tonterías que le dice el hombre a la mujer y las ridiculeces que hace cada vez que se propone disfrutar de ella.

martes, 14 de febrero de 2012

Estar Enamorado

Estar enamorado –a propósito de estos días- es un estado del alma muy complejo. El alma pareciera estar en un estado de hiperactividad, sobre todo la parte emocional, pero también se produce un angostamiento y una relativa paralización de la conciencia. Por eso al enamorado se le dice, a veces, que está “ido”, que tiene “sorbido el seso”, que está “atontado”. ¡Pero si este niño anda como guevón!. Bajo el dominio del enamoramiento somos, en rigor, menos y no más, que en la existencia habitual.

El estar enamorado es, antes que otra cosa, un fenómeno de la atención. ¿Cómo es eso?.
No es posible atender algo sin desatender otras cosas que, por lo mismo, quedan como en un segundo plano, presencias secundarias, a manera de coro y de fondo.
La atención –potente foco mental- se posa sobre algo y esta zona se convierte en máxima iluminación, el resto es solo vida en potencia, posibilidad, preparación. La atención, entonces, se desplaza de un objeto a otro, deteniéndose más o menos en ellos, según su importancia vital. Cuando la atención se fija más o menos “firme” y por mas tiempo de los habitual en un objeto, se habla de manía. El maniático no es otro, sino el que tiene el régimen atencional anómalo. El enamorado es  monomaníaco, un obseso.
En la sociedad se hallan frente a frente muchas mujeres y muchos hombres. La mayoría de las veces la atención resbala sobre los cuerpos sin detenerse en ninguno; existe mas desatención que atención.
Pero llega un momento –mágico dicen algunos- en que la atención se fija en otro(a); es entonces cuando, anómalamente, la atención queda paralizada, inmovilizada, detenida sobre otra persona. Esto se produce casi con matemática mecanicidad y cada día que pase aquella alma “posesa” desalojará mayor espacio en su ser y, dejará entrar en él, a raudales el objeto de su “amor”. Donde quiera que se encuentre el “enamorado”, sea cual sea su quehacer, su atención gravitará por el propio peso hacia la imagen, persona del amado. Como una suerte de aguja imantada que gírese hacia cualquier lado, siempre volverá magnetizada hacia el norte.
Desde ese momento ya le costará gran violencia poner en primer plano, sobre el telón de sus representaciones, otra visión que no sea la de su amor.

Hay en la vida mental del enamorado una progresiva eliminación de las cosas que antes le ocupaban y preocupaban. La conciencia se angosta y contiene solo un objeto; la atención queda paralítica, no avanza de una cosa a otra. “Theía Manía” (manía divina), decía Platón.
Lo curioso de todo esto es que el enamorado tiene la impresión –vive quimeras, espejismos, fabulosas transfiguraciones- de que su vida se superpotencia y enriquece y que su conciencia se hace mas amplia y profunda. Pero ocurre todo lo extremo contrario, al reducirse su mundo se concentra más, se jibariza, se empequeñece y amengua; todas sus fuerzas psíquicas convergen hacia un solo punto y esto da a su existencia un falso aspecto de superlativa intensidad.
Con todo esto, el enamorado, “pierde” parte de su horizonte vital, pero el-la que gana grandemente es “a quién ama”, el objeto de su amor. Porque el amor es eso: entrega a otro ser, cálida corroboración a un “absolutamente otro”… a quién se ama.

lunes, 13 de febrero de 2012

La Mujer Prefecta (Cuento Sufi)


Mulaj Nasrudin conversaba con un amigo.
- Entonces, ¿Nunca pensaste en casarte?
- Sí pensé -respondió Mulaj Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.
Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita.
 Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material.
- ¿Y por qué no te casaste con ella?
- ¡Ah, compañero mío!  Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

sábado, 11 de febrero de 2012

diálogo edificante

El diálogo es una pausa experimental en medio de los haceres rutinarios. Un ¡alto! en los quehaceres cuotidianos, un párale en el curso natural de las cosas y los casos. En ese sentido el diálogo es transgresión. En medio de los problemas habituales de la vida aparece la conducta dialogante como meta-lenguaje, lenguaje que no es el habitual y consueto e intencionadamente transgrede el curso reiterado de los acontecimientos. Recordemos al dialogador por excelencia: Sócrates, el ateniense. El fue un transgresor, un tábano –como él mismo se apodara- en la oreja del asno de Atenas. Removió el pensamiento ya pensado y no pensante, ese pensamiento que se adormece en el colchón de las fáciles soluciones.
Hoy día la desesperación de los trances de la rutina social, la imposibilidad, la incompatibilidad para resolverlos impositivamente ha devuelto al diálogo socrático la autoridad de mediador imprescindible entre variopintas subjetividades e intereses, de primer pronto, irreconciliables e irreductibles.
Sin embargo no siempre hay buena disposición a la exposición dialogante. Es una peligrosa exposición al aire libre. ¿Porqué poner en juego “estas ideas mías” que me han tenido y sostenido por los suburbios de la vida?; por ellas vivo y por las que me digo día a día que lo que hago es bueno, meritorio, justo. Porqué ponerlas en juego, exponerlas temerariamente a la “eficacia” de las ideas de mi antagonista y arriesgar así, a que se me confundan, que se difuminen y quedar a la intemperie, sobre terreno movedizo y a merced de las ideas voraces –del absolutamente otro- que luchan por echar raíces en mi total presencia general. Claro que es riesgoso.
Nuestras creencias –ideas cristalizadas- son preciadas posesiones; son ni más ni menos nuestro sustento –como el oxígeno-, ellas nos sostienen y nos impulsan a justificar nuestras posesiones y estar dispuestos, incluso, a morir por ellas…por tanto porqué correr el riesgo de perderlas.
La naturaleza profunda del diálogo ha de estar comandado por el “principio de veracidad”. No solo se debe dialogar, sino que debe tener la intención auténtica de querer alcanzar una suerte de “experiencia común”, es decir, un conocimiento teórico y una valoración pragmática de las cosas que se erija en un criterio válido para dirimir dificultades y rehabilitar así la rutina suspendida.
A las ideas debe tratárseles como huéspedes, como invitados transitorios y no como propiedades personales y estar dispuesto a dejarlas partir. No se trata aquí de promover el “bicefalismo parmenídico”: el pensar, sin conflictos internos, las cosas de un modo y seguirlas haciendo de otro. Tampoco convivir camaleónicamente y acomodarse donde mejor calienta el sol sin reconocer la existencia de sustanciales problemas objetivos.
Para que se produzca el dialogo han de converger al menos dos ingredientes esenciales; en primer lugar, reconocer la existencia del conflicto, re-conocer que “aquí hay un problema” y, en segundo término; tener la intención de solución. Querer alcanzar una solución que persuada y convenga a las partes. Se trata en última instancia de la búsqueda de una “experiencia común”, de un con-vencimiento final y total, que es el modo perfecto de vencer.

viernes, 10 de febrero de 2012

Preferencias

Tenemos, Eros y yo, una marcada  preferencia por la belleza clásica.
Entre la variada  somatotipia femenina, nos inclinamos por el tipo atlético; curvas voluptuosas, senos maternales de pezones erectos y turgentes, caderas anchas y cintura breve. Tipo Mónica Bellucci, Adriana Lima o Sofía Loren. Esas Junos –las de los grandes ojos- de panteón griego nos arrebatan. Fuertes, de culos carnosos y hemisféricos. Además está comprobado que este tipo “tipo reloj de arena” es mejor amante.

La mujer muy delgada no es belleza que nos erotize, tipo anoréxico o andrógino; flaca de ojos hundidos, demasiado alta, estragada, casi raquítica, leptosomática; del tipo Etíope desnutrida de 40 kilos. Este tipo, que come solamente galletitas, frutas y agua; que vive mortificada por cada gramo de su cuerpo -conozco una que fluctúa entre la glotonería insaciable y ayunos franciscanos-, que viven ahorrando para liposuccionarse cuando lleguen a los 40, andan siempre somnolientas, cansadas y meditabundas.
Recordar, además, que no sólo el Poder es gordo; también la Dignidad, la Simpatía, la Cultura, la Virtud, la Belleza y la Salud son gordas o, al menos, voluminosas.

domingo, 5 de febrero de 2012

Ira Inteligente

Admitamos –dice Aristóteles– que la ira es un apetito penoso de venganza por causa de un desprecio manifestado contra uno mismo o contra los que nos son próximos, sin que hubiera razón para tal desprecio”; la consideramos un tanto idealista ya que no es el desprecio sin razón el que nos vuelve iracundos sino agravio objetivo muchas veces aberrante y violento. La definición de Descartes nos parece mas realista: La ira –escribe el filósofo francés– es una especie de odio o aversión que sentimos contra los que han hecho algún mal o han tratado de hacer daño, no indiferentemente a cualquiera, sino particularmente a nosotros [...] tiene el mismo contenido que la indignación y además se funda en una acción que nos afecta y de la que deseamos vengarnos”. Falta, sin embargo, en la fórmula cartesiana (aunque pueda suponerse implícito en ella), algo que sí se halla en la aristotélica: la indignación se suscita igualmente cuando las víctimas del mal o del daño son aquéllos que nos importan, nuestros cercanos –amigos o familiares- aunque no lo seamos directamente nosotros mismos.
Concertemos, entonces, que la ira es una emoción consistente en un estado afectivo de indignación y furor provocadas por el daño o la ofensa inferidos a nosotros o a quienes nos son apreciados (indignación y rabia tanto más intensas cuanto más injustos y improcedentes sean el daño y la ofensa), y que crea, por lo menos momentáneamente, sentimientos de odio y deseos de venganza.
Que se trata de una emoción (y una de las primarias) lo delata su gran excesiva intensidad y su carácter transitorio y breve (también su expresividad facial, característica y acaso universal y, en general, los componentes no verbales que la acompañan: musarañas, gruñidos, aspavientos y la vasodilatación general de las tuberías arteriales). La indignación, el odio y el deseo de venganza pueden, ciertamente, persistir largo tiempo (a veces toda la vida), pero la cólera misma, en tanto que tal fase afectiva, cesa con prisa: nadie permanece 24 horas enteras, ni siquiera una hora, en actitud encolerizada, como tampoco lo hace en actitud estuporosa, de repugnancia o de alegría.
Admitamos, con Aristóteles, que “el que se irrita por las cosas debidas y con quien es debido, y además cómo y cuándo y por el tiempo debido, es alabado”. Y si no alabado, es seguro, al menos, que su actitud se encuentra plenamente justificada y es absolutamente legítima. Pero es obvio, igualmente, que las dificultades tan sólo se presentan (y se agrandan) en aquellos casos confusos y susceptibles de discrepante discusión, en tanto que hay otros que no generan confusión alguna ni admiten discusión de ningún especie. Y en éstos casos, ser manso y apacible no es síntoma de bondad o de buen carácter, sino de debilidad o cobardía; también, con frecuencia, de estupidez: “Pues los que no se irritan por los motivos debidos o en la manera que deben o cuando deben o con los que deben –dice de nuevo Aristóteles–, son tenidos por necios”.