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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Filosofía anónima

“Bien mirado, la filosofía no es tan despreciable: ocultarse tras verdades más o menos objetivas, divulgar pesadumbres que en apariencia no nos afectan, cultivar desasosiegos sin rostro, esconder bajo el fasto del verbo voces de desamparo. ¿La filosofía? Grito anónimo...” Dice Ciorán en su fascículo “Desgarradura” (recomiendo su lectura, siempre que no sea flácido de estómago). De alguna manera la frasecita se Ciorán tiene razón. La filosofía es un mirar de lejos…Ortega se llama a sí mismo “Espectador”… Este celebérrimo vocablo goza de afamado linaje. Lo encontró Platón sobre las arenas vírgenes de las playas del conocimiento griego. En su República concede una misión especial a los que el denomina “amigos del mirar”…desde lejos, sin involucrarse. Son los especulativos, y en primer plano, ellos los filósofos, los teorizadores –que quiere decir los contemplativos. Los filósofos observan como fluye la vida desde su punto de vista individual buscando objetividades, buscando la conexión de las cosas entre sí.
Desde el desierto del norte chileno, donde nos hemos asentado –psiquis y yo-, vemos distancias siderales con claridad privilegiada. Mi Pucón natal arrullado por el lago Villarrica descansa lejos, muy lejos de mi circunstancia actual y factual.  Nuestra vida transcurre aquí y ahora, y este es nuestro “punto de vista” sobre el universo individual y sobreindividual. Desde aquí observamos, y esta es nuestra primaria circunstancia mundanal. Desde acá miramos el mundo.
El escritor, por ejemplo, necesita de un público pasivo, “como el licor de la copa en que se vierte” (feliz tropo ortegiano); el filósofo, el auténtico, anda lejos de pretender semejante cosa. El filósofo anda a la caza de los “amigos del mirar”  y, eventualmente, lectores meditativos que pelen el mundo como si fuera una naranja. Se buscan lectores que no quieren ser convencidos de algo, sino que repiensen por si mismo lo que han leído.
Heidegger habla de dos pensares: el pensar calculador y la reflexión meditativa. El pensar utilitario de las calculadoras prima hoy sobre el pensar por el pensar. La “mera reflexión” como la llama el pensador alemán es demasiado elevada para el pensamiento común. El pensar meditativo exige a veces un esfuerzo superior…dice. Exige un largo training. Requiere cuidados aún más delicados que cualquier otro oficio auténtico.
Aunque el saber es propiamente saber lo que una cosa es. Su objeto propio es el ser. Decir, pues, ignorancia es decir que alguien necesita violentamente, quiera o no, averiguar el ser de las cosas. Esta es precisamente la condición del hombre. La condición humana no es el conocimiento; la forma primaria de ese trato nuestro con el contorno no es “contemplativa”; no consiste en que yo me ponga a pensar en las cosas y sobre ellas. Evidentemente, para poder pensar sobre las cosas y ocuparme en “contemplarlas”, tuvieron éstas que estar ya antes en una relación conmigo no “contemplativa”. Pensó Descartes que vivimos o existimos porque pensamos, y en tanto en cuanto que pensamos, no advirtiendo que el pensar se presenta desde luego como un esfuerzo reactivo a que nos obliga nuestra existencia pre-intelectual. La verdad es que no existo porque pienso, sino al contrario, pienso porque existo, porque la vida nos plantea brutales problemas que no puedo eludir.

Los profesores de filosofía son cuento aparte; mencionemos a Shopenhahuer que dice que su filosofía no ha sido creada en absoluto para vivir de ella: "(...) asalariados empleados de la cátedra para los fines del Estado, que tienen que vivir de la filosofía (y) que ya han tomado posesión del mercado." (...) "Aquellos representantes de la filosofía en la vida burguesa representan en su mayor parte algo así como los bufones de los reyes." "(Esa) filosofía de cátedra (que) termina separando a la filosofía como profesión de la filosofía como libre investigación de la verdad o la filosofía por encargo del Gobierno..." El mismísimo Kant –prototipo del filósofo- llegó a decir: "si puedo pagar no me hace falta pensar"; un tanto atrapado por la ascendente burguesía europea y previendo el advenimiento del conocimiento como mercancía, pero…, sabemos, que el fue un espectador por excelencia. El mismo Kant escribe mas adelante: "No os convirtáis en esclavos de los hombres; no remitáis que vuestro derecho sea pisoteado impunemente. (...) Humillarse y doblegarse ante un hombre parece en cualquier caso indigno de un hombre. (...) Quien se convierte en gusano, no puede quejarse después de que le pisoteen." (KANT, 1993)

La filosofía “grito anónimo” dice Ciorán en su pedrada. La filosofía nunca es histriónica, luces, fuegos artificiales. Los filósofos son, contrario a los escritores que sufren constantemente de verborrea, logorrea, locuacidad mórbida e incontinencia de la palabra (propensión a hablar mucho y fuera de propósito). Como señala Plutarco: “queriendo ser amados, son odiados; queriendo hacer favores, importunan; creyendo ser admirados, son objeto de burla; sin ganar nada, gastan, ofenden a los amigos, aprovechan a los enemigos, se arruinan a sí mismos. De tal suerte, este es el primer remedio y medicina de su pasión: la reflexión sobre las vergüenzas y dolores que vienen de ella.”

La filosofía es atemporal y sin compromisos. Aunque en todos los tiempos se ha querido politizar y hacer de ella un esbirro de gobiernos contingentes. Platón bosqueja la figura del auténtico filósofo como alguien que ha de  alejarse, poco a poco, del ágora, de la plaza pública, de la polis. Y Plotino llega a decir que los asuntos políticos —la distinción entre hombres libres y esclavos, entre reyes y súbditos o incluso el asalto a las ciudades o las guerras— no merecen la atención del filósofo (menos aún del sabio): harta materia tiene éste con asuntos que nada tienen que ver con la patria terrestre. ¿No había dicho ya Anaxágoras, cuando le preguntaron por sus ideas políticas, señalando al cielo astral: “esa es mi patria”? Y no sólo los neoplatónicos: también los filósofos epicúreos y los cínicos renegaron de cualquier interés relacionado con los saberes políticos, como pueda serlo el interés por las técnicas militares: “¿Hasta cuando se debe filosofar?”, le preguntaron a Crates el cínico, que respondió: “Hasta tanto que los generales de ejército parezcan conductores de asnos”.



jueves, 3 de enero de 2013

Honor a las Jantipas

Cuenta la historia que la mujer de Sócrates era una mujer de armas tomar. Que tenía un carácter áspero, puntilloso y quisquilloso y, más encima, la naturaleza no había sido benevolente con ella. Se llamaba Xantipa o Jantipa. Se las ingeniaba, día y noche, para hacer rabietas frente al divino Sócrates. Ocasión que tenía la usaba para fastidiar a su marido. Dicen que una vez Alcibíades –hombre público, discípulo y amigo de Sócrates-, admirado por las violencias impertinentes de la mujer de su maestro, preguntó a Sócrates que porqué no había expulsado de su casa a mujer de tan pésimo carácter. Sócrates le dijo calmadamente: “Soportando estos arrebatos en mi hogar, me ejercito, y me acostumbro para sobrellevar sin trabajo la impaciencias y las injurias de otros fuera de mi casa”. Hay que decir, en honor a la verdad, que Xantipa permaneció fiel a su lado hasta que en la prisión le fue dado beber la cicuta.
En Platón (Fedón, o de la inmortalidad del alma), es Critón el amigo generoso que retira a Jantipa (esposa de Sócrates) cuando con sus gritos perturbaba la serenidad de su esposo en el momento de la muerte:

"(...) y a Jantipa, a quien conoces, sentada cerca de él teniendo en brazos a uno de sus hijos. Apenas nos vio, prorrumpió en lamentos y a gritar, como suelen las mujeres en ocasiones semejantes.(...) Que la lleven a su casa. Inmediatamente entraron los esclavos de Critón y a la fuerza se llevaron a Jantipa que lanzaba desgarradores gritos y se golpeaba furiosamente el rostro".
Antiguamente se pensaba de otro modo. Hurgando en antiguas literaturas nos encontramos con textos de M. Varrón ,”De los deberes del marido”, en los que se lee: “Necesario es corregir los defectos de la esposa o soportarlos; corrigiéndolos, nos proporcionamos compañera mas agradable, soportándolos, nos hacemos nosotros mismos mejores”. Catón, el censor romano, decía en: “Sobre las dotes”. “A menos de divorcio el marido es juez de su mujer en vez de censor. Sobre ella tiene imperio absoluto. Si ha hecho algo deshonesto o vergonzoso, si ha bebido vino, si ha faltado a la fe conyugal, él la condena y la castiga”. Catón nos dice en este mismo párrafo que el “marido podía matar a su mujer sorprendida en adulterio, ella no se atrevería a tocarte con el dedo, así es la ley”.
Sócrates, sin embargo, soportó el carácter iracundo de Xantipa. El filosofar no era para Sócrates solamente pensamiento, sino también ascesis; es decir praxis para lograr virtudes. Entre los trabajos que se imponía con frecuencia para dominar “los llamados oscuros del cuerpo” estaba el permanecer de pié, en la misma actitud durante días sin hacer el menor movimiento, sin mover los párpados, con la cabeza y los ojos fijos en algún punto invisible del espacio, entregada el alma a profundas meditaciones, aislada del cuerpo por la abstracción mística (estas prácticas –de cariz oriental- de los filósofos antiguos se perdieron definitivamente).
La salud de Sócrates era inquebrantable; se dice que al principio de la guerra del Peloponeso, un espantoso contagió invadió Atenas, casi despoblándolo. Sócrates permaneció saludable y vital. El mantenerse alejado de las voluptuosidades y la influencia de una vida sana y pura le preservaron del mal que a la mayoría invadía.
Sócrates fue la filosofía hecha carne y figura; no filosofó con el seco entendimiento, sino con todo su ser; carne, sangre y espíritu. En su ser total sentimos, vivencial y concretamente, lo que es la Verdad y lo que es el Valor. “Su filosofía fue una filosofía existencial”, dice Sheler.
Para Sócrates “el inteligente es sabio; el sabio es bueno”. ¿Hay en Sócrates un germen de utilitarismo?. Puede ser. Cuando el joven Sócrates  fue aprendiz oyente del viejo Protágoras sostuvo la teoría del utilitarismo contra la moralidad popular de los llamados “sofistas”. La sofística, según Platón es simple arte retórica y erística (que abusa del procedimiento dialéctico hasta el punto de convertirlo en vana disputa), retruécanos de palabras y fantasmagorías verbales.
Pero el “alma se hace buena” a costa de vencer obstáculos. Así se tonifica y fortalece la bronca voluntad. La intemperancia de Xantipa, contribuyó al cabo, que Sócrates fuese Sócrates; el Divino Sócrates, el dios de los filósofos.

martes, 27 de diciembre de 2011

Fotos históricas

La fotografía: tiempo congelado

El tiempo es algo en lo que se puede fijar arbitrariamente un punto que es un ahora, de tal manera que en relación con dos puntos temporales siempre se puede decir que uno es anterior y otro posterior. A este respecto ningún ahora puntual del tiempo se distingue de cualquier otro. Cada punto, como un ahora, es el posible antes de un después; y como después, es el después de un antes.        Martín Heidegger

 La fotografía es una imagen denotada. Muchas veces es claramente explícita y las más veces es puramente alusiva. Alude a una circunstancia pero no la transcribe en su pleno significado. Sabemos que la percepción visual humana es tremendamente compleja; sin embargo, la lente de una cámara fotográfica, como el ojo, debido a la sensibilidad lumínica, registran imágenes  a la misma velocidad en que ocurren. Percibimos la realidad como una fluencia unidimensional que viene comandada por una entidad misteriosa que viene del futuro, pasa raudamente frente a nosotros, en un presente inasible, y se precipita inequívocamente hacia el pasado, convirtiéndose en ese mismo instante en existencia abolida, inerte, inmaterial. En la memoria humana se convierte en recuerdo, a veces claro como mediodía, a veces difuso como...una fotografía desenfocada. Pero lo que hace una cámara fotográfica a diferencia del aparato ocular es muy particular. La cámara fija la apariencia del acontecimiento. Captura -de  ese fluido unidimensional- el fenómeno, lo que aparece, la apariencia de lo visible y lo congela, lo bloquea, lo conserva; no para siempre, pero sí mientras exista la película y/o los píxeles. 
La fotografía hace con la realidad humana un ejercicio que es muy difícil de hacer. La fenomenología llama "poner entre paréntesis" un hecho, para poder estudiarlo. La captura de la realidad objetiva ha sido un problema constante de la filosofía. En ese sentido el "realismo aristotélico" es el que más se acerca a la cámara fotográfica. La realidad es lo que perciben los sentidos. Y el sentido de la vista siempre ha sido poderoso en esa búsqueda.  El "ver para creer" de Santo Tomás. Por supuesto que la llamada "corriente de la conciencia", a lo Proust o a lo Joyce; o la primacía de "la idea" de Renato Descartes no puede ser aprehendida por una instantánea fotográfica; pero sí la expresión, el fenómeno externo. El sentido de un evento - diría Enrico Castelli- trasciende su eventualidad. La intención -gracias al Venerable - es privativo arcano de cada cual. 
La fotografía ha sido un registro del devenir de la realidad humana y su circunstancia mucho más infalible que la frágil memoria. Aunque se diga que este registro es segmentado, parcelado; instantes apenas, breves como el click de la cámara. Antes de la invención de la cámara fotográfica no había nada -aparte de la narrativa, que también tiene sus limitaciones en la aprehensión de la total realidad- que registrara tan fielmente la historia del hombre, salvo los ojos de la mente: la facultad de la memoria. Con la fotografía el pasado nos trasciende haciéndose presente, el tiempo se hace eterno, y lo cotidiano se nos vuelve una cronología común y atemporal. Con la fotografía la realidad humana se hace con-mensurable, podemos hacer mediciones temporales mas precisas y colocar hitos y testigos más exactos en la temporalidad lineal y dispersiva de la historia humana. 
La fotografía también dice "yo estuve allí". Este aspecto relacionado con lo experiencial es importante. Una vida interior necesita ex-presarse. Necesita ser sacada a luz exterior, rescatarse permanentemente de la oscuridad. El arte de la fotografía es un modo de expresión artístico. En ella -el fotógrafo- al mostrar y proponer ante otros su propia experiencia de vida - punto del vista, luz y contraste,  perspectiva-, su personal apreciación, su juicio marginal; objetiviza su percepción del mundo mediatizada por la cámara. En ese sentido, el fotógrafo, no solo rescata, como en la historia, lo otro que es digno de ser salvado de la irreversibilidad del tiempo y deja grabado imperecederamente en el reino de este mundo cosas y casos que de otro modo se hubiese perdido en los túneles del tiempo y los abismos del espacio. La nada que todo lo corroe merodeando siempre la finitud del ser, la frágil y breve existencia del "bípedo implume", disolviendo implacablemente la frágil memoria humana.