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domingo, 18 de enero de 2015

la envidia

“La verdadera ciencia del escándalo no se aprende sino estudiando la envidia humana, un estudio fuera de programa, pero que a pesar de todo he hecho y a fondo, de lo cual me congratulo. La envidia es una admiración que se disimula. El admirador que siente la imposibilidad de experimentar felicidad cediendo a su admiración, toma el partido de envidiar. Entonces emplea un lenguaje muy distinto, en el cual ahora lo que en el fondo admira ya no cuenta, no es más que insípida estupidez, rareza, extravagancia. La admiración es un feliz abandono de uno mismo; la envidia una desgraciada reivindicación del yo.”


Soren Kierkegaard “la enfermedad mortal”

domingo, 16 de diciembre de 2012

Aceptaos los unos sobre los otros….

Muchos se llenan la boca con estas palabras altisonantes: igualdad, tolerancia, aceptación, interculturalismo, libertad de expresión, etc. Pero se quedan en palabras vacías, sin contenido. Hemos conocido, incluso a llamados profesionales de la salud mental, que hablan sobre tolerancia y por detrás están haciéndote una mueca irónica. Son profesionales de la mentira.
La mayoría de nosotros practicamos el egoísmo, la intolerancia, el reproche, la discriminación. El afán de poderío sobre los demás nos ciega ante cualquier intento personal o colectivo de superación de los conflictos que día a día, hora a hora, nos agobian destruyéndonos y destruyendo a los demás.
Aquello de que existe lo uno y lo otro, la diversidad; distintas visiones del mundo, pueblos diversos, formas de vida, cosmovisiones, puntos de vista, modos de comportamiento, culturas religiones, etc. es un verdad innegable. Pero a la mayoría nos cuesta aceptar que el otro no sea igual a mí. ¿Cómo es posible semejante afrenta?.

Entre desigualdades existirán inevitablemente tensiones y roces; diferencias y contradicciones. Pero existen seres humanos que tienen como objetivo vital: subyugar a los demás. Estos piensan que el único modo de solución a sus atribuladas vidas; repletas de conflictos y diferencias es: “hazte igual que yo, haz lo que yo quiero, entonces seremos uno; sométete a mis condiciones y verás cómo se acaban las tensiones y los conflictos y llegamos a la conciliación”.
Este método y praxis, donde el uno también quiere ser el otro, donde –todavía más- el uno quiere ser el todo, lo encontramos en todos los ámbitos en donde pulula el homo sapiens.
Aunque la humanidad ha practicado mil veces ésta técnica y ha estas alturas de la llamada civilización se sabe, a ciencia cierta, que no es la mas recomendable; pues no soluciona sino que oprime, no libera sino que somete; no es camino amplio y abierto, sino sumamente angosto y sinuoso; y por que priva a la vida comunitaria de la Libertad, Justicia, honestidad, respeto por el hombre y su conciencia.

Pero es que esta mujer no entiende que no puedo darle más dinero; pero es que este grupo de huelguistas no comprende que sus peticiones no pueden ser concedidas; y este fulano como se atreve a presentarse ante mí…no lo soporto…; mi vecino no entenderá que necesito escuchar a Bach y que su taladro eléctrico no me lo permite…; mi propia hija no me hace caso y se va con esa mala influencia mezcla de punk y rasta…la mier…

Es difícil aceptarse mutuamente, es como ceder parte importante de mi vida a otro. Vivimos estresados, intoxicados de saciedad existencial, con insuficiencias de todo tipo, con sueños frustrados, insatisfacciones variadas…no estamos felices con nosotros mismos…porqué debo convertirme en el guardián de mi hermano?.

No, no ha sido superado el egoísmo, la intolerancia, la discriminación. Como mecanismo de defensa a mis frustradas intenciones de apoderarme del otro nace la indiferencia. El arte de hacerse invisible. La atención sectorizada se posa solamente donde encuentra señales que satisfacen mi afán de dominio; allí donde encuentro sumisión y debilidad que satisfacen mi egolatría…allí me quedo. El encuentro recíproco lo encuentro entre los que me obedecen.
La indiferencia invisible: es una táctica consistente en no hacerse notar, no llamar la atención, no pedir nada, para que este silencio permita que el otro se olvide de nuestra existencia y no verme obligado a “considerarlo”. Por otro lado está la doble existencia: que consiste en la práctica de dividirse en dos, dejando un ``yo exterior'' para uso y consumo de los demás, y un ``yo interior'' refugiado en la fantasía incorpórea, que nos proporciona la ilusión -diluida- de existir en mí, por mí y para mí. En mi burbuja en donde respiro el aire que mis propios pulmones expulsa me siento inmunizado para contraer algún virus externo. ¡Es que los que no son como yo…me molestan tanto!!!

Ah, y la táctica del disimulo…de ella hablaremos más adelante.

jueves, 12 de abril de 2012

la ciencia del escándalo

“La verdadera ciencia del escándalo no se aprende sino estudiando la envidia humana, un estudio fuera de programa, pero que a pesar de todo he hecho y a fondo, de lo cual me congratulo. La envidia es una admiración que se disimula. El admirador que siente la imposibilidad de experimentar felicidad cediendo a su admiración, toma el partido de envidiar. Entonces emplea un lenguaje muy distinto, en el cual ahora lo que en el fondo admira ya no cuenta, no es más que insípida estupidez, rareza, extravagancia. La admiración es un feliz abandono de uno mismo; la envidia una desgraciada reivindicación del yo.”

Soren Kierkegaard “la enfermedad mortal”

miércoles, 18 de enero de 2012

Corrosiva envidia

“De lo que llaman los hombres
virtud, justicia y bondad,
una mitad es envidia,
y la otra no es caridad.”
Antonio Machado.

La envidia es un acto involuntario que la sufre, a pesar suyo, el envidioso. Es un culto involuntario a lo meritorio, a lo excelente; en que los envidiosos, a pesar suyo, se han convertido en su discípulo, en su adepto; en su acólito más devoto.
El Yago de Shakeaspeare es el icono exacto de la envidia universal. Repleto de infamias sombrías, de cobardías  funestas, capaz de todas las traiciones y de todas las falsedades.
El envidioso pertenece a una ralea de éticas y morales raquíticas, entecas y anémicas, doblemente mezquinas, digna de compasión y al mismo tiempo de desprecio. Sin coraje para eliminar el objeto de su envidia se resigna a vivir como un villano; rebajando a los otros con críticas solapadas (de pasillo) desesperado e incapaz de generar sus propias competencias.
Hay envidiosos pasivos y activos; el pasivo es solemne, sentencioso y asume posturas mayestáticas, el activo es un escorpión atrabiliario capaz de  clavarte una daga por la espalda.
Es servíl, chupamedias y lameculos, no retrocede ante ninguna bajeza; cuando alguien se levanta ante sus narices aplica la pragmática del “chaqueteo”; utiliza desde su irremediable pequeñez del inferior las tácticas de la insidia y la hipócrita adulación maquiavélica de una elocuencia llena de rodeos y circunloquios  adornados con elogios reticentes y de viscosidades urticantes. Se habla de morirse de envidia, y es un decir popular. ¡Morirse de envidia! Es que no hay otra forma de morirse, es un estado premortis. Y todo el que se muere, muere de esa envidia que fue el origen sobrenatural de la muerte. La envidia se expresa comúnmente, según el decir popular, por una palidez extrema, la piel amarillo-opaca, apergaminada y seca, como si por ella se perdiera la sangre.

No hay que ir muy lejos para encontrar a estos especimenes sociales, que como sanguijuelas, chapan la sangre de sus semejantes que –a veces- ha logrado encumbrarse por los peldaños de la jerarquía social, que acá en  Chile es tan representativa de las personas. Todos, cual más cual menos, andamos como perros de presa tras un reconocimiento que nos permita subir un peldañito más. Periodistas, arquitectos, profesores y políticos integran el Estado Mayor de la envidia; que como dice Quevedo, va tan flaca y amarilla porque muerde y no come… y tampoco deja comer.
Aquí en la fauna bloguera nos hemos topado con muchos de estos discípulos del exterminio; acosadores, chantajistas, manipuladores, psudocensores, dictadores de opereta,  teólogos y demagogos que neo-estafan (utilizando la informática para ello) que operan bajo estandartes non sequitur de bien "común", justicia social, "paz" e igualdad, libertades expresivas; mientras mañosamente saquean constantemente valores al atacar o perjudicar a bloguer poco perspicaces. Usualmente esas "autoridades" del nuevo gaytrinar de la estafa, son quienes engatusan a personas que abandonan responsabilidades para que esta acepte sus autoridades inmorales…Tales "autoridades" neo-estafadoras sobreviven promoviendo sus trucos místicos, sus nigromancias, sus agorerías y filosofías especiosas, chantajistas, tramposas, ladronas  o “altruísticas” de auto-sacrificio para poder controlar a los que se descuidan o se abandonan temporalmente, para estafar sin piedad a los verdaderos hacedores. En todas partes se cuecen habas.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Ciencia del Escándalo

“La verdadera ciencia del escándalo no se aprende sino estudiando la envidia humana, un estudio fuera de programa, pero que a pesar de todo he hecho y a fondo, de lo cual me congratulo. La envidia es una admiración que se disimula. El admirador que siente la imposibilidad de experimentar felicidad cediendo a su admiración, toma el partido de envidiar. Entonces emplea un lenguaje muy distinto, en el cual ahora lo que en el fondo admira ya no cuenta, no es más que insípida estupidez, rareza, extravagancia. La admiración es un feliz abandono de uno mismo; la envidia una desgraciada reivindicación del yo.”

Soren Kierkegaard “la enfermedad mortal”