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miércoles, 14 de noviembre de 2012

ACERCA DEL AMOR

En Estambul hay una hermosa mezquita llamada la Mezquita Beyazid. Desde que fue construida, los sheikhs y derviches sufís han estado siempre presentes en ella.
El sheikh Jemal Halveti (que la Misericordia de Allah sea con él), uno de los maestros de nuestro camino, fue invitado por el sultán para bendecir la apertura de esta gran mezquita. Los sabios de Estambul, la aristocracia y hasta el mismo sultán estaban allí. La flor y la nata del Imperio Otomano se habían reunido allí ese día.
Cuando el sheikh se levantó para hablar ante ten erudita y sofisticada multitud, un hombre simple se puso de pie de u salto y dio: "OH, sheikh!, he perdido mi burro. Todos los habitantes de Estambul están aquí. Por favor, pregúnteles si han visto a mi burro".
El sheikh respondió: "Siéntate. Encontraré a tu burro". Acto seguido, se dirigió a la muchedumbre: "¿Hay alguien entre vosotros que no sepa que es el amor, que no hay nunca gustado del amor en alguna de sus formas?". Al principio nadie se movió, pero finalmente, tres hombres se levantaron, uno a uno. El primer hombre dijo: "Es verdad. Yo realmente, no sé lo que es el amor. Nunca lo he probado. Ni siquiera sé lo que es que el que alguien te guste". Los otros dos movieron las cabezas en señal de aprobación.
Entonces el sheikh dijo al que había perdido el burro: "Tú has perdido un burro. ¡Aquí te ofrezco tres!".
Pero hasta un burro ama la hierba fresca y verde. Cuando la gente aprende a amar - con amor real y verdadero - su estado se elevado por encima de el de los ángeles. Cuando no conocemos el amor nuestro estado se torna inferior al de los burros.
Sheikh Muzaffer Ozak

lunes, 13 de febrero de 2012

La Mujer Prefecta (Cuento Sufi)


Mulaj Nasrudin conversaba con un amigo.
- Entonces, ¿Nunca pensaste en casarte?
- Sí pensé -respondió Mulaj Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.
Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita.
 Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material.
- ¿Y por qué no te casaste con ella?
- ¡Ah, compañero mío!  Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

sábado, 21 de enero de 2012

lo más divertido de los seres humanos


Un discípulo preguntó a Hejasi: Quiero saber qué es lo más divertido de los seres humanos.

Hejasi contestó: "Piensan siempre al contrario".

- Tienen prisa por crecer, y después suspiran por la infancia perdida.
- Pierden la salud para tener dinero y después pierden el dinero para tener salud.
- Piensan tan ansiosamente en el futuro que descuidan el presente, y así, no viven ni el  presente ni el futuro.
- Viven como si no fueran a morir nunca y mueren como si no hubiesen vivido."

Necesidad de Soledad

Kierkegaard habla de la necesidad de soledad. Esta dominación de necesidad de soledad es tan fuerte y forzosa como la de respirar o dormir. Cuando nos inunda ese menester es un signo de una naturaleza más profunda. Esta necesidad de soledad –en algunos- prueba siempre la presencia de remolinos espirituales… y sirve para medir su fuerza y alcance. La mayoría vive apegado uno al otro; uniones simbióticas retorcidas y malsanas. Lana con lana marchan a abismo de la desesperación siempre acechante. “Ese pueblo descabellado de hombres que no lo son, ese ganado de inseparables”, siente tan poco ese llamamiento interno al diálogo consigo mismo. Al contrario, como las cotorras, mueren cuando están solas, como el bebé que cuando no se le canturrea llora asustado; siente la necesidad del gorjeo tranquilizador de los rituales sociales del comer, beber, defecar, dormir, rogar en la misa y sentirse enamorados – mancomunión de dos soledades aquejadas-.
Nuestra época no respeta la soledad, es más la ve como una suerte de alienación social. En la antigüedad se respetaba esa necesidad de soledad por lo que expresa…necesidad de espiritualidad. Nuestra época con su perpetua cazurrería social tiembla delante y frente a soledad, que no sabe -¡qué epigrama!, dice Kierkegaard- ir nada más que en contra de los criminales. A los criminales los condenan a la soledad y al aislamiento. Por demás que en estos días entregarse a la vida espiritual y evadirse momentáneamente de la vida mundanal y acercarse a los recintos silenciosos de la soledad; queda automáticamente uno clasificado de criminal.
Cierto cuento Sufi dice " A través de un ventanuco enrejado que había en su celda un preso gustaba de mirar al exterior. Todos los días se asomaba y, cada vez que veía pasar a alguien al otro lado de las rejas, estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Y un día le preguntó :
- Oye, hombre, ¿a qué vienen todas esas risotadas día tras día?
El preso contestó:
- ¿De qué me río? ¡Pero estás ciego! Me río de todos esos que hay ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?"