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lunes, 10 de agosto de 2015

La “filosofía” de Ciorán

Hubo y hay muchos enfebrecidos detractores-murmuradores y maldicientes de la filosofía.
La pregunta que siempre emerge es: ¿De qué le ha servido la filosofía al hombre? ¿Ha resuelto algún problema grave de aquellos por los cuales el género humano ha franqueado? Ciorán, gran vociferante dice:“Se puede lamentar que nada sea resuelto en este mundo; nadie, sin embargo, se ha suicidado nunca por ello; la inquietud filosófica influye poco en la inquietud total de nuestro ser "[…] “Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales... ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! ". Sólo se hace auténtica filosofía en los momentos personalísimos y únicos.

Afirma Ciorán que la filosofía es parlanchina, infecunda, estéril, insensata e inútil: “El ser es mudo el espíritu charlatán… la originalidad de la filosofía está en inventar términos. El ejercicio filosófico no es fecundo, solo es honorable, se es impunemente filósofo. El filósofo es el enemigo del desastre, es tan sensato como la razón y tan prudente como ella. No comenzamos a vivir realmente más que al final de la filosofía, sobre sus ruinas, cuando hemos comprendido su terrible nulidad, y que era inútil recurrir a ella, que no iba a sernos de ninguna ayuda”.
Ciorán dice que encuentra en la filosofía el verdadero impulsador…, el odio: “La historia de las ideas es la historia del rencor de los solitarios". No hay considerable odio que, entre los energúmenos filósofos que protegen sus artilugios pirotécnicos conceptualoides con mayor o igual celotipia que los animales cuidan a sus cachorros, y construyen casetas de vigilancia desde las cuales otean compulsivamente el castillo de naipes de la verdad “absoluta”. Digamos, primero que no hay nada más improductivo que un conciliábulo de filósofos (En esto coincidimos con Ciorán).¿Qué es un congreso de filosofía?: Exposición exhibicionista de ataques virulentos y represiones defensivos de acalorado fanatismo conceptual donde sólo existe “mi” verdad que creo y quiero imponer como verdad universal y absoluta. Ejemplo: un filósofo que presenta una ponencia en un congreso de filosofía es, por un lado, una víctima presta al sacrificio por sus colegas; y por otro, un atrabiliario gladiador que desde su atalaya estará dispuesto a despellejarse y mostrar las vísceras de la mismísima Verdad, a dejar que corra su sangre sobre la arena,  a costa de que esa verdad, sea mayoritariamente reconocida y “tragada” por los demás conciliábulos. Se dice que hay nadie más intolerante que la especie filosofante a causa de su endógena inclinación a juzgar, a etiquetar y, asignarse una posición sobresaliente con los saberes. Cioran ha señalado que la filosofía es un precipitado de individuos y pueblos biológicamente superficiales. Sontag reflexionando sobre Cioran nos dice: “La filosofía no es más que una ilusión intelectual pasada de moda, uno de los componentes del provincialismo de espíritu de la infancia del hombre ".
La filosofía es un divertimento inútil, un universo inverosímil medianamente bien articulado, es una retahíla encadenada de conceptos sobre conceptos que se repiten insistentemente bajo el pretexto de que son los problemas esenciales a dicha disciplina y por ende al hombre.


El siguiente texto de Ciorán condensa lo que hemos dicho acerca de la inutilidad del ejercicio filosófico, y uno de los que mas brilla por su agudeza:”Frente a la música, la mística y la poesía, la actividad filosófica proviene de una savia disminuida y de una profundidad sospechosa, que no guardan prestigios más que para los tímidos y los tibios. La filosofía -inquietud impersonal, refugio junto a ideas anémicas- es el recurso de los que esquivan la exuberancia corruptora de la vida. Poco más o menos todos los filósofos han acabado bien: es el argumento supremo contra la filosofía. El fin del mismo Sócrates no tiene nada de trágico: es un mal entendido, el fin de un pedagogo, y si Nietzsche se hundió fue como poeta y visionario: expió sus éxtasis y no sus razonamientos... qué pocos de los sufrimientos de la humanidad han pasado a su filosofía... Se es siempre impunemente filósofo: un oficio sin destino que llena de pensamientos voluminosos las horas neutras y vacantes... ¿Y acaso esos pensamientos se han materializado en una sola página equivalente a una exclamación de Job, a un terror de Macbeth o a una cantata? El universo no se discute; se expresa. Y la filosofía no lo expresa. El filósofo "enemigo del desastre, es tan sensato como la razón y tan prudente como ella". No comenzamos a vivir realmente más que al final de la filosofía, sobre sus ruinas, cuando hemos comprendido su terrible nulidad, y que era inútil recurrir a ella, que no iba a sernos de ninguna ayuda". Qué ventaja hay en saber que la naturaleza del ser consiste en "voluntad de vivir" en la "idea", o en la fantasía de Dios o de la Química. Simple proliferación de palabras, sutiles desplazamientos de sentidos. ... Sólo estamos seguros en nuestro universo verbal, manejable a placer, e ineficaz. El ser mismo no es más que una pretensión de la Nada. El ser es mudo y el espíritu charlatán. Eso se llama conocer. La originalidad de los filósofos se reduce a inventar términos. Estamos abismados en un universo pleonástico en el que las interrogaciones y las réplicas se equivalen".

lunes, 31 de diciembre de 2012

Adagio - A. Marcello

La Muerte de todos

En mi infancia, mis amigos y yo nos divertíamos mirando trabajar al enterrador. A veces nos dejaba un cráneo con el que jugábamos al fútbol. Era para nosotros un placer que ningún pensamiento fúnebre empañaba.
 Durante muchos años viví en un ambiente de curas que habían impartido miles de extremaunciones; a pesar de ello, no conocí ninguno a quien la Muerte intrigara. Más tarde comprendí que el único cadáver del que se puede sacar algún provecho es el que se prepara en nosotros. Ciorán

La infancia en breves días se nos va, sin mayores sentidos ni aspavientos; la adolescencia se evapora mientras nos instruimos y pre-paramos para con-vivir en el mundo; pues la juventud dura apenas pocos días, y estos en pugna con la sensualidad que entonces nos arrecia, y que muchas veces nos damos por vencidos por ella, lo que sería –al cabo- peor. Luego aparece la vejez, donde el hombre y la mujer comienzan a hacerse los preparatorios para la inexorable muerte. Entonces hasta el calor nos resfría; las fuerzas nos desamparan, los dientes se nos caen, como poco necesarios; la carne se enjuta y seca y las otras cosas se van pudriendo tales comos han de estar en la sepultura. Hasta que el fin llega –la muerte- revolando, con sus alas negras, a quitarnos las dulces miserias, y aún allí en la despedida nos afligen nuevos males y tormentos.

 Allí se nos vienen dolores crueles, allí nos emboscan turbaciones; allí nos vienen suspiros con que mira la luminancia del cielo que se va ya alejando, y con ella los amigos y parientes y las otras cosas que amaba, percatándose del eterno alejamiento que de ellas ha de tener. Hasta que los ojos entran en tinieblas perdurables en que el alma los deja retraída a despedirse del seso y del corazón y las otras partes principales donde, en consigo secreto, solía tomar sus arcanos placeres. Entonces de-muestra bien el sentimiento que hace por despedida, estremeciendo el cuerpo y, a veces, poniéndolo en rigor con gestos espantables en la cara, donde se representan las crudas agonías en que por dentro anda entre el amor a la vida y el horror al infierno; hasta que la muerte con su guadaña cruel le deshace las entrañas. Así fenece el miserable hombrecito, conforme a la vida que antes pasó.

Entonces todo va al olvido, el tiempo implacable que lo borra todo. Y los grandes edificios que algunos toman por legado trascendente para perpetuar famélicas famas, también los abate y se convierten en tierra del suelo. No hay piedra que dure tanto, ni duro metal, que no dure más que el tiempo infinito, consumidor de todas las cosas humanas. ¿Qué se ha pasado con la torre fundida para subir al cielo? Los fuertes muros de Troya; el noble templo de Diana; el sepulcro de Mausoleo; tantos grandes edificios romanos de que apenas se conocen las señales donde estaban, ¿qué se han hecho? Todo esto se volatiliza, se convierte en humo; hasta que vuelven los hombres a enajenarse en el terapéutico olvido tal como antes de que naciesen, y la mismísima vanidad sigue después del que primero nazca…eternamente.

(Variante de parte del texto “Diálogo de la dignidad del hombre” de Fernán Pérez de Oliva- 1586)   

lunes, 20 de febrero de 2012

Nihilismo antibiótico

“El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora. Ahora bien, es el más activo de los dos. Pues con demasiada frecuencia el Bien haraganea”.
E. M. CIORAN.

El nihilismo contemporáneo es entendido como un abaratamiento y oposición de la vida en pro de las estimativas suprasensibles o ficciones -la vida toma así el precio de la nada-, (una suerte de nihilismo "negativo", en la interpretación de Deleuze sobre Nietzsche) y que deriva ineludiblemente a la desvalorización de esas estimas superiores; no sólo una negación de todo lo vital sino de cualquier potencia o acto de la voluntad (nihilismo "reactivo"), nada tiene alguna valorización, nada es verdad, mundo sin valores, despojado de sentido y finalidad. Recordemos que para Nietzsche toda cultura que crea en la existencia de una realidad total y absoluta, realidad en la que se ubican graciosamente los valores objetivos de la Verdad y el Bien, es una cultura nihilista.
Nietzsche se muestra iluminado, para quien el nihilismo, lejos de ser un problema, representa más bien una solución a la superstición y la ideología.
Se considera que el nihilismo (de nihil = 'nada') es la negación de la realidad sustancial. El nihilismo se ha expresado a veces en forma de una mismísima “concepción del mundo”. Ésta puede ser la concepción del mundo del que adopta un pesimismo drástico y fundamental, o bien la del que adopta un punto de vista totalmente “demolicionista”. En este último sentido se ha expresado el nihilismo en palabras de Mefistófeles, en el Fausto, de Goethe, al decir:

Ich bin der Geist, der stets verneint!
Und das mit Recht; denn alles, was entsteht
Ist wert, dass es zugrunde geht;
Drum besser wär's, dass nichts entstünde.
(Soy el espíritu que siempre niega.
Y ello con razón, pues todo lo que nace
no vale más que para perecer.
Por eso sería mejor que nada surgiera.)

Hay fórmulas radicales de nihilismo (alguna no se pueden tomar en serio). Por ejemplo, una  se encuentra en Pisarév, el cual escribió que “todo lo que puede romperse, hay que romperlo; lo que aguante el golpe, será bueno; lo que estalle, será bueno para la basura. En todo caso, hay que dar golpes a derecha y a izquierda: de ello no puede resultar nada malo”.
Ciorán, el cual ha desarrollado la idea de la “descomposición”: “el mismo nihilismo es un dogma. Todo es ridículo, sin sustancia, pura ficción. He ahí por lo que no soy un nihilista, porque la nada es aún un programa. En la base, todo es sin importancia. Nada existe más que en la superficie, todo es posible, todo es drama”.
En un escrito sobre Marcel escribe Ciorán: “el nihilismo no es una posición paradójica ni monstruosa, sino más bien una conclusión lógica que hace naufragar a cualquier mente que haya perdido contacto íntimo con el misterio (misterio es un nombre pudoroso para el absoluto”.

martes, 25 de octubre de 2011

La Muerte de todos

En mi infancia, mis amigos y yo nos divertíamos mirando trabajar al enterrador. A veces nos dejaba un cráneo con el que jugábamos al fútbol. Era para nosotros un placer que ningún pensamiento fúnebre empañaba.
 Durante muchos años viví en un ambiente de curas que habían impartido miles de extremaunciones; a pesar de ello, no conocí ninguno a quien la Muerte intrigara. Más tarde comprendí que el único cadáver del que se puede sacar algún provecho es el que se prepara en nosotros.
Ciorán

La infancia en breves días se nos va, sin mayores sentidos ni aspavientos; la adolescencia se evapora mientras nos instruimos y pre-paramos para con-vivir en el mundo; pues la juventud dura apenas pocos días, y estos en pugna con la sensualidad que entonces nos arrecia, y que muchas veces nos damos por vencidos por ella, lo que sería –al cabo- peor. Luego aparece la vejez, donde el hombre y la mujer comienzan a hacerse los preparatorios para la inexorable muerte. Entonces hasta el calor nos resfría; las fuerzas nos desamparan, los dientes se nos caen, como poco necesarios; la carne se enjuta y seca y las otras cosas se van pudriendo tales comos han de estar en la sepultura. Hasta que el fin llega –la muerte- revolando, con sus alas negras, a quitarnos las dulces miserias, y aún allí en la despedida nos afligen nuevos males y tormentos.

 Allí se nos vienen dolores crueles, allí nos emboscan turbaciones; allí nos vienen suspiros con que mira la luminancia del cielo que se va ya alejando, y con ella los amigos y parientes y las otras cosas que amaba, percatándose del eterno alejamiento que de ellas ha de tener. Hasta que los ojos entran en tinieblas perdurables en que el alma los deja retraída a despedirse del seso y del corazón y las otras partes principales donde, en consigo secreto, solía tomar sus arcanos placeres. Entonces de-muestra bien el sentimiento que hace por despedida, estremeciendo el cuerpo y, a veces, poniéndolo en rigor con gestos espantables en la cara, donde se representan las crudas agonías en que por dentro anda entre el amor a la vida y el horror al infierno; hasta que la muerte con su guadaña cruel le deshace las entrañas. Así fenece el miserable hombrecito, conforme a la vida que antes pasó.

Entonces todo va al olvido, el tiempo implacable que lo borra todo. Y los grandes edificios que algunos toman por legado trascendente para perpetuar famélicas famas, también los abate y se convierten en tierra del suelo. No hay piedra que dure tanto, ni duro metal, que no dure más que el tiempo infinito, consumidor de todas las cosas humanas. ¿Qué se ha pasado con la torre fundida para subir al cielo? Los fuertes muros de Troya; el noble templo de Diana; el sepulcro de Mausoleo; tantos grandes edificios romanos de que apenas se conocen las señales donde estaban, ¿qué se han hecho? Todo esto se volatiliza, se convierte en humo; hasta que vuelven los hombres a enajenarse en el terapéutico olvido tal como antes de que naciesen, y la mismísima vanidad sigue después del que primero nazca…eternamente.

(Variante de parte del texto “Diálogo de la dignidad del hombre” de Fernán Pérez de Oliva- 1586)