jueves, 29 de enero de 2015

volver a vivir de verdad



El hombre demasiado "cultivado" y "socializado", que vive de una cultura ya falsa, necesita absolutamente de... otra cultura, es decir, de una cultura auténtica. Pero ésta no puede iniciarse sino desde el fondo sincerísimo y desnudo del propio yo personal. Tiene, pues, que volver a tomar contacto consigo mismo. Mas su yo culto, la cultura recibida, anquilosada y sin evidencia se lo impide. Esa cosa que parece tan fácil -ser sí mismo- se convierte en un problema terrible. El hombre se ha distanciado y separado de sí merced a la cultura: ésta se interpone entre el verdadero mundo y su verdadera persona. No tiene, pues, más remedio que arremeter contra esa cultura, sacudírsela, desnudarse de ella, para ponerse de nuevo ante el universo en carne viva y volver a vivir de verdad.


(1933)

En torno a Galileo
José Ortega y Gasset

domingo, 18 de enero de 2015

las palabras solo dicen

Hay palabras que son equívocas cuando con ellas denominamos cosas que tienen poco que ver entre sí, esencialmente, en que nada importante en todas ellas sea equivalente. Así, la voz “león”, usada para nombrar al ilustre y feroz felino sea a la vez para designar los Papas romanos y una ciudad española. Alguna contingencia azarosa ha hecho que a una palabreja se le cuelguen diversas y heterogéneas significaciones, las cuales apuntan y nominan objetos substancialmente distintos. Los gramáticos - casta que sería sin disputa la más mísera, afligida, y dejada de la mano de los dioses si yo no acudiese a mitigar las desdichas de tan sórdida profesión con la ayuda de una dulce locura. No sólo han caído sobre ellos las cinco furias, es decir, las cinco ásperas calamidades de que habla el epigrama griego, sino mil, pues siempre se les ve famélicos y harapientos en sus escuelas, o pensaderos o, mejor dicho aún, obradores, y rodeados de verdugos en figura de un montón de chicos que les hacen envejecer antes de tiempo a fuerza de cansancio y que les aturden con sus gritos, amén de los hedores que exhalan; pero a pesar de esto, gracias a mí, se estiman por los primeros entre los hombres…al decir de Erasmo en Elogio de la locura- y lógicos hablan entonces de “polisemia”; el vocablo posee que múltiple significación. 
Hoy día abundan las palabras que por decir una cosa dicen otra. El vocabulario se ha relativizado. Se habla con una inmanente caprichosidad de cualquier cosa de cualquier manera. En el vago sentido de los decires, la pluralidad de términos está plagado de lugares comunes y de vocablos tergivesados. Cuesta acomodar la capacidad de entendimiento a la realidad objetiva y se vive rodeado de la inaudita fantasía verbal del prójimo. Un frondoso renacimiento del yo romántico nos rodea y descubre en toda su vasta extensión el mundo interno ajeno, el me ipsum, la íntima conciencia, los secretos interiores, lo subjetivo…vapores de cerebros circunvalados de espejismos imaginarios. La vida parece una novela de aventuras. Realidades como Justicia y Verdad; o como esa muralla de ladrillos que veo a través de mi ventana ya no son tal, sino “interpretaciones” de este nuevo mundo aparte e ilusorio. Rodeados de aspas giratorias de molinos quijotescos nos cuesta ver la estricta realidad. La realidad se ha transformado en un ornamento inesencial y la tragicómica alma personal de la gente con su lirismo polisémico se ha apoderado de casi todo con su susbtancia voluble y tornadiza.

“La realidad es de tan feroz genio que no tolera el ideal ni aun cuando es ella misma la idealizada.” Dice Ortega. Es tiempo de enterrar la poesía en honor a la verosimilitud y al determinismo. La fantasía produce inconexión.
La inconexión es aniquilamiento.

Produce odio que fabrica inconexión, que aísla y desvincula, atomiza el mundo, y desintegra la individualidad.

la envidia

“La verdadera ciencia del escándalo no se aprende sino estudiando la envidia humana, un estudio fuera de programa, pero que a pesar de todo he hecho y a fondo, de lo cual me congratulo. La envidia es una admiración que se disimula. El admirador que siente la imposibilidad de experimentar felicidad cediendo a su admiración, toma el partido de envidiar. Entonces emplea un lenguaje muy distinto, en el cual ahora lo que en el fondo admira ya no cuenta, no es más que insípida estupidez, rareza, extravagancia. La admiración es un feliz abandono de uno mismo; la envidia una desgraciada reivindicación del yo.”


Soren Kierkegaard “la enfermedad mortal”

J. S. Bach: Preludium in C from The Well-Tempered Clavier BWV 846


viernes, 16 de enero de 2015

¿Cadenas?

¿Usted es de los que disimulan una falta de contacto emocional en vivo y en directo, pegándose al Facebook horas y horas? ¿Usted busca verdadera felicidad, intimidad y confianza a través de códigos binarios que circulan por la supercarretera de la información? ¿Sufre usted de carencias de afecto; falta de mimos y atenciones? ¿Acaso está infectado con el virus de la insatisfacción, de la discordancia entre lo que quiere y lo que tiene?  ¿Su actual y factual realidad le parece turbia y pesada, del punto de vista de las emociones?
Sus carencias emocionales lo han convertido –sin usted darse cuenta (como sucede en casi todas las adicciones).- en un adicto
La sobre-estimulación que se con-trae a través de Internet, tiende a tras-pasar un umbral témporo-espacial de resistencia y agotamiento, que se des-precia y des-oye. En vez de parar, vamos indeliberadamente un poco más allá, arrastrados por la pasión contra la inquietante ansiedad, que provoca la ausencia de emociones en su fastidioso y aburrido derrotero vital, re-cubriendo una cosa con otra. De este modo una emocionante conversación en un chat erótico o en una línea 906 se inter-pone a la ultra-necesidad de un relajante descanso, a la molestia penosa de un nerviosismo fatigante y al crecimiento drástico de la cuenta telefónica.
El adicto es consciente de que el tiempo pasa, la frustración se acrecienta, la fantasía se desvanece, se debería parar pero la esperanza ciega se impone a todo: ya estamos en la fase compulsiva. La compulsión nos está engañando no tanto porque nuestra aspiración actual no se consumase para la alegría de su total humanidad –que, eso sí- sino el fraude es al resto de sus deseos vitales que se des-precian olvidándose uno de los “unos” de que se compone. Es decir, se olvida usted de su propia e intransferible vida. Se olvida de sí mismo.
Internet promete la mismísima iluminación mística y la todopoderosa fuerza del conocimiento intelectual, de inagotable complacencia emocional, de libertad escópica en la que podemos mirarlo todo (ubicuidad, como dicen los expertos en web), de vanguardia esplendorosa que nos hace estar “a la última moda”, es decir, nos “ranquea” dentro de los topten.

En la misma medida que promete posibilidades psico-afectivas, nos justifica, y aparentemente somos razonables sin saber que la razón supuesta no es más que una parodia tras la cual se oculta la huida hacia el profundo y siempre desconocido adelante (la vida es una faena que se hace hacia adelante). La angustia que experimentamos por las carencias afectuosas separadamente de nosotros mismos –fuera de sí- puede olvidarse buscando en otra parte, y esa parte puede ser un dolor para dolernos de otra cosa, pero asimismo un placer que calma otra cosa que la que necesitaríamos calmar. Y las ingratas concatenaciones parecen no acabar nunca.

Bach/Marcello: Adagio BWV 974