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martes, 25 de diciembre de 2012

Comprensión humana

Kant llamó “los límites de la comprensión humana” al filo entre naturaleza y su entendimiento. La filosofía ha pretendido proporcionar un encuadramiento integrado de tal enigma, una arquitectura de significados universales capaz de preescrutar los abismos del megalocosmos. En el profundo silencio de los espacios infinitos del universo, que tanto aterraban a Pascal se encuentra la: respuesta. Estos juicios totales no se pueden computar a escala humana. La filosofía ha pretendido clara y precisamente dar con esas soluciones decisivas, pero se queda atascado en la limitada penetración de la reflexión humana. Borges dijo que la filosofía era “como la organización de las perplejidades esenciales del hombre”, que ha pesar de las prácticas de una filosofía empírica y de la investigación metódica no ha pasado de ser una revisión de esas perplejidades y no se atisba por ninguna parte la morada de los fundamentos, el amanecer del Ser; la destrucción de la ignorancia y la alegría de nadar en el océano de la razón, el cuidadoso arte por el cual hemos tratado de interpretar el dilema de nuestra existencia. La filosofía es una de las más fantásticas manifestaciones arrogantes del hombre que, las más de las veces, solo ha contribuido a confundir más las “perplejidades esenciales” y ha dejado a pobre “bípedo implume” al borde de la línea, en los mismísimos “límites de la comprensión humana”.
El hombre, epifenómeno accidental e insignificante compuesto de factores materiales aleatorios e implacables, magnifica y sobrevalora su pasar por ese fenómeno singular que llamamos vida y busca desesperadamente el sentido del sentido del sentido…”¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes?”, pregunta alguien en los Salmos.

domingo, 1 de enero de 2012

¿Qué es esto de la filosofía?

¿Qué es la filosofía? Muchos se quedan con la respuesta etimológico-psicológica: amor al saber. Como si el amor o el deseo de conocimientos tuviera que ser, per sé, filosófico, cuando casi  siempre el deseo de saber es necesidad primaria práctica, técnica o científica, y las más de las veces trivial curiosidad o curiosidad infantiloide; y como si la filosofía no pudiese ser también algo más que un simple amor a la sapiencia, es decir, como si la filosofía no fuese, ella, por sí misma un saber, por humilde que sea. “Conocimiento del universo” o “todo cuanto hay” –esto ya no es tan humilde- dice Ortega y Gasset; su objeto es mas general y penetrantemente singular y lo alcanza todo de modo diferente. La filosofía –a diferencia de todo otro científico- es un embarcarse hacia lo desconocido…sin saber nada positivo acerca de su objeto, y con la posibilidad de volver sabiendo que nunca sabrá. Esta es la singular peripecia de la filosofía.

De cualquier modo, el conocimiento filosófico no es un saber doxográfico, un hilo cronológico de saberes del pretérito; un saber acerca de las obras de Platón, de Aristóteles, de Santo Tomás, de Hegel, Kant o de Ortega y Gasset. El saber filosófico es un saber acerca del presente y desde el presente. Un aterrizaje forzoso en la más concreta y actualísima realidad. Eso sí, la filosofía es un saber de segundo nivel, que pre-supone otros saberes previos, “de primer grado” (saberes técnicos, físicos, políticos, matemáticos, biológicos...). La filosofía, estrictamente, no es “la madre de las ciencias”, una madre que, una vez crecidas las hijas, se considera jubilada tras agradecer los auxilios entregados. Al contrario, la filosofía pre-supone un estado de las ciencias y de las técnicas suficientemente maduras para que, desde allí, pueda comenzar a instituirse como una disciplina puntualizada. Es por esto que también las ideas de las que se ocupa y preocupa la filosofía, ideas que emanan precisamente del enfronte de los más variopintos conceptos técnicos, políticos o científicos, a partir de un cierto estadio de desarrollo, son más cuantiosos a medida que se produce este desarrollo.
En la medida en que la filosofía no es un sencillo y llano amor a la sabiduría, sino un efectivo saber, el filósofo ha de ser, de algún modo, un sabio, dotado de una sabiduría sui generis (aunque sus compendios no sean, según sus detractores, muy diferente al de una docta ignorancia). Desde este punto de vista podría confundirse con un necio simplón todo aquel que se autodenomine: filósofo; aunque pretenda, tercamente, justificar su tontera apelando a la respuesta etimológica. Porque filósofo, como hombre sabio -es decir, no sólo profesor de filosofía-, es un calificativo que sólo puede recibirse aplicada y validada por los otros…aunque estrictamente esto no es necesario.

La respuesta a la pregunta ¿qué es la filosofía? sólo puede llevarse a buen término objetando otras respuestas que, junto a la propuesta, constituya una sistemática de respuestas posibles; porque el saber filosófico es siempre -y en esto se parece al saber político- un saber contra alguien, un saber bosquejado frente a otros pre-ten(d)idos saberes.
Lo que quiere decir que prácticamente es imposible responder a la pregunta ¿qué es la filosofía? si no es en función de otros saberes que constituyen los ejes coordenados de una educación mas poderosa del hombre y del ciudadano.