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martes, 13 de mayo de 2014

CONTRADICTIO

“¿Qué puede esperarse de un hombre? Cólmelo usted de todos los bienes de la tierra, sumérjalo en la felicidad hasta el cuello, hasta encima de su cabeza, de forma que a la superficie de su dicha, como en el nivel del agua, suban las burbujas, dele unos ingresos que no tenga más que dormir, ingerir pasteles y mirar por la permanencia de la especie humana; a pesar de todo, este mismo hombre de puro desagradecido, por simple des¬caro, le jugará a usted en el acto una mala pasada. A lo mejor comprometerá los mismos pasteles y llegará a desear que le sobrevenga el mal más disparatado, la estupidez más antieconómica, sólo para poner a esta situación totalmente razonable su propio elemento fantástico de mal agüero. Jus-tamente, sus ideas fantásticas, su estupidez trivial, es lo que querrá conservar...”                  
 Feodor Mijailovich Dostoievski
 Domingo. Otros tantos lánguidos bostezos de aburrimiento trascendental ante un mundo donde todo es exiguo, insuficiente. El sentimiento de inopia vital vuelve y revuelve la horizontalidad del domingo. Nos hemos negado sistemáticamente toda la vida a ser un típico hombre medio que piensa, cree y estima precisamente aquello que no se ve obligado a pensar, creer y estimar por sí mismo en esfuerzo propio y original. Este hombrecito espiritualmente invisible tiene el alma hueca, y su única actividad es la mímesis del eco. Nos asalta, a veces, un efecto de indignación… de cuando en cuando llega a la superficie de la conciencia su voz recóndita.
El gran laboratorio de experimentos humanísticos que es la vida humana nos parece un desierto umbrío en donde se enseñorea la nada corrosiva. Herido e irritado, mostramos a la intemperie ese resto insocial e insociable que todos y cada uno llevamos dentro, pero cuidadosamente disfrazado y encubierto. Y cuando alguien ha dicho abiertamente de algo que es una farsa o de alguien que es un farsante, pasa a ser un… desconsiderado. Y casi todas las cosas le parecen farsas, y casi todos los hombres le parecen farsantes. Llamamos farsas a aquellas realidades en que se simula la realidad. Esto pre-supone que en la llamada realidad distinguimos bidimensionalidad: una externa, aparente, manifestativa; otra, interna, substancial, que en aquella se hace aparente y palpable. Tiene aquella realidad la misión ineludible de ser expresión adecuada de ésta, si no es farsa. Tiene esta realidad interna, a su vez, la misión de manifestarse, exteriorizarse en aquélla, si no es también farsa. Ejemplo: un hombre que defiende profusamente unas opiniones que en el fondo le tienen sin cuidado, es un farsante; un hombre que tiene realmente esas opiniones, pero que no las defiende y manifiesta, es otro farsante.
El mal –dice Platón- asola a las repúblicas en las que no hace cada cual lo suyo. Según lo dicho, las verdades del hombre estriban en la concordancia estricta entre el gesto mundanal y las reconditeces del espíritu, en la perfecta adecuación entre lo externo y lo íntimo. Goethe, aunque a propósito distinto, solfeaba: Nada hay dentro, nada hay fuera; Lo que hay dentro eso hay fuera. No es otro asunto, creemos, es lo que ya Platón, tiempo atrás, nos enseñó con sus célebres alegorías. Y la filosofía tiene algunas sobresalientes, como la del “asno de Buridán”.
Se im-puta (nada personal) a Juan Buridán, nominalista francés del siglo XIV, la con- siguiente fábula: un asno famélico y hambriento, colocado frente a dos sendos suculentos montones de heno volumétricamente iguales y situados a la misma longitud vectorial; y, nuestro burro, no siendo capaz de decidirse a cuál de ellos acudir para liberarse del hambre que lo laceraba y; al carecer de un motivo que le lleve a elegir el uno más que el otro, termina por morirse de inanición.

domingo, 2 de octubre de 2011

La manolarga Filosofía

Sé que muchos se acercan a mi tienda de abalorios con recelo. La misma palabreja “filosofía” produce prevención y mosqueo. Es sinónimo de droga, de ocultamiento, de deserción del mundo. Esto es solamente más o menos cierto.
La filosofía se caracteriza por el hecho de preguntar no por objetos o ámbitos particulares o parciales, sino por la totalidad de lo que es. Incluso cuando interviene en algún problema científico o en la “cosa pública”, o se ocupa en algún asunto concreto, su enfoque está siempre determinado por el punto de vista de la totalidad.
El ser humano, tanto como individuo como en cuanto miembro de la especie, tiene “presente” –patente y latente- ante sí la totalidad de su vida, de la posible experiencia y el afán de aprehender la realidad en cuanto tal. Con la ayuda de la filosofía en ser humano busca lograr, en cada una de esas direcciones, la perspectiva mas amplia para su conocimiento de universo, es decir, de todo cuanto hay.

Las ciencias particulares aíslan y particularizan los problemas y misterios; en cambio la filosofía siempre se ha empeñado por romper los moldajes de aislamiento –imprescindibles para el trabajo científico- y reflexionar sobre los problemas desde una visión panorámica y total.
La pregunta por la totalidad no es, visto desde su “origen” menos racional que aquella que se pregunta por objetos o ámbitos individuales. No surge del capricho, no se fundamenta en la voluntad ni en el sentimiento, sino en el esfuerzo por el conocimiento. Aquella pregunta por la totalidad tampoco crece de las capacidades cognitivas sensoriales del hombre, sino de aquella fuerza cognoscitiva “superior” que en distintas épocas filosóficas acuerdan en llamar “ratio” o “intellectus”.
Pero la filosofía no es algo menos racional visto solamente desde el origen, sino también desde el punto de vista del “procedimiento”. Una mirada a la historia de la filosofía nos muestra que los métodos de lo que se sirve para la clarificación y resolución de los problemas son principalmente críticos y argumentativos, vale decir, métodos racionales.

La filosofía nunca ha tenido una vocación de servidumbre; pero en este afán de dilucidar problemas se ha activado algo que podríamos denominar el servicio de la filosofía a la sociedad. Se les está dando “nuevos usos” a la filosofía y han aparecido los “consultores filosóficos” (véase Más Platón y menos Prozac); los que están compitiendo con “ciencias particulares” que son hijas putativas de la filosofía, como la psiquiatría y la psicología. Los particulares y propios problemas de la psique, la ética de la biología, las dudas espirituales, los estremecimientos místicos y religiosos; la invasiva irrupción de la cibernética, la informática ha obligado a los “nuevos ingenieros” a aventurarse en los terrenos “esotéricos y totales” de este conocimiento intramuros que tanta excitación, crispamiento e histerismo les provoca a algunos…y con razón. Las preguntas constantes no respondidas por la totalidad, por el universo, ante las cuales el ser humano actual parece estar más confundido aún que en épocas pretéritas.
Pertenece a las tareas más urgentes de la filosofía de la actualidad en incorporar en el conjunto de sus reflexiones a aquel saber que crece del proceso vital de individuo. En el se articula una visión de la totalidad de la vida humana., de fundamental importancia para la temática originaria de la filosofía.